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¿Por qué los condenados a muerte en EE.UU. esperan décadas para ser ejecutados?

La revisión de las sentencias, los procedimientos de apelación y las dificultades para obtener sustancias de inyección letal explican por qué el corredor de la muerte se ha convertido en una espera de décadas.

16:51 GMT

En Estados Unidos, la distancia entre una sentencia de muerte y su cumplimiento se ha ampliado con el paso de los años. Las garantías judiciales, las sucesivas apelaciones y los obstáculos para disponer de los fármacos de ejecución hacen que algunos reclusos permanezcan décadas a la espera.

El caso de Christa Pike refleja esa prolongación: lleva más de 30 años bajo una condena capital sin que se haya consumado su ejecución.

La espera en cifras

Más años entre la condena y la ejecución

Tiempo promedio transcurrido hasta la ejecución en Estados Unidos, según la Oficina de Estadísticas de Justicia.

Datos: Bureau of Justice Statistics. Informes de 2000 y 2020.

La posibilidad de que una condena sea errónea es otro aspecto decisivo. Desde 1973, casi el 20 % de los condenados a muerte ha sido exonerado después de que se demostrara su inocencia. Lograr esa absolución, sin embargo, puede exigir una larga batalla judicial.

Según los registros del Death Penalty Information Center, la mitad de las exoneraciones en casos de pena capital tardó más de diez años. Entre las registradas desde 2013, más del 50 % llegó después de que las personas afectadas hubieran pasado 25 años o más encarceladas.

Un proceso judicial con múltiples controles

El sistema legal estadounidense exige un examen especialmente riguroso de los casos que pueden desembocar en una ejecución. A diferencia de otras penas, la muerte es irreversible, por lo que las comprobaciones sobre la validez de la sentencia adquieren un peso determinante.

Las leyes de distintos estados contemplan revisiones automáticas ante tribunales superiores. A ello se suman los recursos que presenta la defensa, ya sea por nuevas pruebas de ADN, elementos probatorios que no se conocían durante el juicio, cuestionamientos a la actuación de los abogados originales o dudas sobre la constitucionalidad del método previsto para ejecutar la pena.

Antes de que el procedimiento avance hacia una fecha de ejecución, esos recursos deben recibir una resolución. Esta sucesión de etapas puede extender el proceso durante años.

La falta de sustancias también frena las ejecuciones

La vía judicial no es el único motivo de demora. Los fabricantes farmacéuticos estadounidenses han rechazado que sus productos se utilicen para administrar inyecciones letales, una postura que ha limitado la disponibilidad de los compuestos necesarios para llevar a cabo el procedimiento.

Esa escasez ha interrumpido ejecuciones en varios estados. En otras jurisdicciones, además, existen órdenes judiciales que mantienen suspendida su aplicación, aunque la pena capital siga contemplada en la legislación.

El impacto psicológico de una espera sin final claro

Para algunos especialistas, la condena y las condiciones de los años previos a una posible ejecución equivalen, en la práctica, a dos castigos. Mientras se resuelven sus apelaciones, muchos presos están sometidos a un régimen de aislamiento muy estricto.

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Horas al díaHasta ese tiempo pueden permanecer solos en sus celdas, con fuertes restricciones para las visitas, el ejercicio y la participación en actividades educativas o laborales.

La combinación de soledad prolongada e incertidumbre constante puede deteriorar gravemente la salud física y mental. A este conjunto de efectos, reconocido en la discusión jurídica internacional, se lo conoce como "síndrome del corredor de la muerte". Las condiciones de reclusión documentadas ayudan a explicar la dimensión de ese desgaste.

La pena capital sigue vigente en 27 estados

En la actualidad, 27 estados de Estados Unidos mantienen la pena de muerte en sus leyes. El Death Penalty Information Center señala que, desde que se restableció su aplicación en 1976, tanto las ejecuciones efectuadas como las condenas de quienes integran el corredor de la muerte corresponden a delitos de homicidio.