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Jóvenes chinos en un entorno urbano, representando la tendencia de los suplentes de vida

Pagar para no vivir: el contrato silencioso de los jóvenes chinos

Mientras unos externalizan las tareas cotidianas, otros se preguntan si ganan libertad o pierden la experiencia de estar vivos.

En China, un número creciente de jóvenes ha comenzado a contratar a los llamados «suplentes de vida»: personas que, a cambio de dinero, realizan por ellos tareas cotidianas que van desde cocinar y acompañar a padres mayores al hospital hasta discutir en su nombre. Así lo revela un reportaje del South China Morning Post, que describe un fenómeno en plena expansión.

Quienes no tienen tiempo pagan por encargos que superan su paciencia o su experiencia. Sacar la basura cuesta 3 yuanes (0,45 dólares) o 99 al mes (15 dólares), y hacer fila en un restaurante, entre 10 y 30 yuanes (1,50 a 4,50 dólares). Hay usuarios que pagan 2.500 yuanes al mes (373 dólares) para que les cocinen en casa todos los días; otros, por armar figuras con bloques y rompecabezas. Los servicios cubren encargos que muchos prefieren no hacer.

3 ¥
Sacar la basura (0,45 $)
99 ¥
Plan mensual basura (15 $)
10–30 ¥
Fila en restaurante (1,50–4,50 $)
2.500 ¥
Comida diaria en casa (373 $)

También se vende compañía y conflicto. Discutir en línea cuesta 50 yuanes (7 dólares) y una sesión presencial sin límite de tiempo, unos 188 yuanes (28 dólares); el trabajo incluye persuadir y rechazar amenazas. Por visitar a un paciente con regalos se pagan 50 yuanes (7 dólares). Dos horas con un anciano, con charla y cocina, cuestan 300 yuanes (45 dólares).

50 ¥
Discutir en línea (7 $)
188 ¥
Sesión presencial (28 $)
50 ¥
Visita a paciente (7 $)
300 ¥
Dos horas con anciano (45 $)

Los expertos vinculan el fenómeno con una «economía perezosa»: el consumidor usa dinero para sacar más provecho de su tiempo. Li Na, profesora asociada de la Facultad de Finanzas y Economía de la Universidad Jimei, señala que la práctica genera empleo, pero la naturaleza privada de esas transacciones genera riesgos de fraude y perjuicio a la privacidad. La pregunta de fondo que presentó un observador en línea es si pagar por las actividades cotidianas da más libertad o resta parte de la experiencia de vivir.

«Cuando más y más tareas triviales de la vida pueden resolverse con dinero, ¿estamos ganando mayor libertad o renunciando silenciosamente a parte de la experiencia de vivir?»

El fenómeno, conocido como «economía de los suplentes», ha ido tomando formas cada vez más insólitas. En septiembre, un hombre apellidado Kong en Guangzhou promocionó en la calle su servicio de «suplente para discutir»: cobra 50 yuanes por disputas en línea y 188 yuanes por sesiones presenciales sin límite de tiempo. Asegura que su método se basa en la persuasión y no en la agresión, y rechaza encargos que impliquen amenazas, cobro de deudas o altercados físicos.

En Hangzhou, una mujer llamada Mihan comenzó cobrando a sus vecinos tres yuanes por sacar la basura o 99 yuanes por un paquete mensual. En tres días consiguió más de 20 clientes y luego amplió sus servicios a la recogida de paquetes y a alimentar gatos en vacaciones. En mercados de segunda mano y plataformas de mandados, se pueden pagar entre 10 y 30 yuanes para que alguien haga fila en restaurantes populares.

En Shenzhen, algunos jóvenes que viven solos llevan el concepto más lejos: un usuario en línea paga 2.500 yuanes (370 dólares) al mes por comidas caseras diarias. Otros servicios abordan necesidades emocionales. Una mujer de Zhejiang, conocida por el apellido Jin, aceptó una vez un encargo de 50 yuanes para visitar a un paciente en el hospital y llevarle regalos y saludos en nombre de su cliente. Otra proveedora de servicios en Shenzhen cobra 300 yuanes por visitas de dos horas a personas mayores, que incluyen conversación y cocina.

Los economistas consideran esta tendencia una extensión de la «economía perezosa» china, en la que los consumidores usan dinero para optimizar el valor de su tiempo. Li Na, de la Universidad Jimei, declaró a los medios que estos servicios podrían mejorar la eficiencia y el bienestar personal, además de generar nuevas formas de empleo. Sin embargo, la naturaleza mayoritariamente privada y entre pares de estas transacciones plantea preocupaciones sobre fraudes, violaciones de la privacidad y dificultades para reclamar cuando el servicio no cumple las expectativas.