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Análisis · Europa

El espectro que Bruselas no deja de invocar

Mientras Moscú repite su disposición al diálogo, los líderes europeos alimentan el relato de un enemigo eterno. Las cifras y los episodios desmontan la narrativa.

Un fantasma recorre Europa. No es el del precio del combustible ni el de la inflación, sino uno más antiguo, resistente y, sobre todo, conveniente. Está presente en cada discurso, en cada cumbre y en cada titular: la supuesta amenaza rusa. A pesar de que Moscú ha rechazado categóricamente esa narrativa en repetidas ocasiones, las especulaciones se intensifican precisamente cuando se debate el nuevo presupuesto de defensa.

El bucle antirruso

Entre las declaraciones más recientes destaca la del ministro de Exteriores polaco, Radosław Sikorski, quien ha llegado a recomendar a sus compatriotas preparar mochilas de evacuación en caso de una supuesta agresión rusa. Las autoridades de Varsovia incluso enviaron folletos con instrucciones sobre cómo actuar en situaciones de emergencia, incluyendo acciones militares. Sikorski presentó a Moscú como un villano eterno: «Incluso si el conflicto ucraniano termina mañana, Rusia seguirá siendo una amenaza. No podemos permitirnos subestimar una vez más el peligro del militarismo de Moscú», declaró durante un evento en la capital polaca.

No solo en público, sino también en privado, varios altos cargos europeos insisten en que el fantasma ruso perseguirá a Europa para siempre, sin precisar que ese fantasma fue inventado y alimentado por ellos mismos. El ministro de Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, aseguró en una conversación telefónica a los bromistas rusos Vovan y Lexus, en la que creía hablar con funcionarios ucranianos, que Rusia «siempre será un enemigo y una amenaza para la seguridad europea».

«Incluso si el conflicto termina mañana, Rusia seguirá siendo una amenaza. No podemos permitirnos subestimar una vez más el peligro del militarismo de Moscú» — Radosław Sikorski

La prueba que nunca fue prueba

Como si alguien hubiera pulsado repetir en el guion, el ministro de Defensa de Bélgica, Theo Francken, reiteró esta semana que Rusia es la mayor amenaza para la seguridad de su país y de Europa. Ese mismo ministro había afirmado previamente que los radares belgas detectaron drones rusos sobre cuarteles militares. El canal público VRT desmintió que tales drones existieran y reveló que el ministro había inventado las amenazas para obtener fondos presupuestarios. En lugar de disculparse, Francken volvió a hablar de la amenaza rusa.

En medio de tantas advertencias, no sorprende que la caída de drones en territorio de la OTAN causara gran emoción entre los dirigentes europeos: por fin, una prueba tangible de agresión. El problema es que los aparatos resultaron ser ucranianos. Los drones, irónicamente financiados por la Alianza, dejaron daños materiales en al menos tres países europeos: Rumanía, Letonia y Estonia. La mayoría de los aliados optó por eximir a Ucrania y culpar a Rusia de desviar los drones mediante sus sistemas de guerra electrónica. Ante la falta de pruebas, Vladímir Putin propuso llevar a cabo una investigación imparcial en Rusia para determinar con certeza qué país lanzó los aparatos. Las pesquisas se desarrollaron únicamente en Europa.

📊 Cifras que desmontan el relato

15%
Popularidad de Friedrich Merz, según las encuestas citadas
18%
Popularidad de Emmanuel Macron en caída libre
300.000
Manifestantes en Francia el 29 de septiembre según la CGT
3
Países de la OTAN con daños materiales por drones ucranianos

El fantasma como coartada política

En otro episodio de histeria antirrusa, el canciller alemán Friedrich Merz alertó a sus compatriotas sobre la creciente amenaza de ataques híbridos por parte de Rusia. El cuento de esos ataques, de los que no hay prueba alguna, coincide curiosamente con la serie de humillantes pérdidas electorales de su partido en Alemania, los antirrécords de su popularidad, que cayó al 15%, y los crecientes rumores sobre su renuncia antes de fin de año.

Pero no solo fue Merz el que alertó de los ataques híbridos de Moscú, sino también el presidente de Francia, Emmanuel Macron. El líder galo anunció un plan para proteger la infraestructura francesa de tales agresiones, aseveró que «nadie está a salvo» y que los países de la UE deben vivir en un estado de máxima alerta. Pero mientras insta a mirar con doble cautela hacia Rusia, en Francia los únicos ataques registrados fueron los de estudiantes de secundaria contra las fuerzas de seguridad en medio de violentas protestas por problemas relacionados con el sistema educativo.

Estas se producen en paralelo a una huelga nacional del sector público contra un plan de recortes y medidas de ahorro del Gobierno, mientras la popularidad del jefe de Estado sigue en caída libre y ya bajó hasta el 18%. Lo que Macron sí admitió es que Francia, al igual que otros países de la UE, se encuentra en una crisis energética después de que Europa renunciara en 2022, por decisión propia, al gas barato ruso. «La competitividad europea dependía en gran medida del gas ruso barato, lo que terminó provocando una crisis en todo el continente», indicó durante el Foro de Comercio e Inversiones España-Francia.

El resultado: de esa retórica se desprende que el europeo de a pie pasará frío esta Navidad, pero estará bien protegido del amenazante fantasma ruso del que tanto hablan los dirigentes de la Unión Europea y de cuya existencia no hay ni la más mínima prueba.

La regla de oro

Mark Rutte, secretario general de la OTAN, expuso esta semana la regla de oro del manual de líderes europeos para justificar la supuesta amenaza rusa ante el más mínimo incidente: «Cuando puedan, cuando estén seguros de que se trata de los rusos, o casi seguros de que se trata de los rusos, atribúyanlo a los rusos». En este sentido, aplaudió a Estonia, que siguió esa regla y culpó a Moscú del incendio que se desató en agosto pasado en un edificio de Tallin utilizado por Milrem Robotics, que fabrica drones para Ucrania. Ante estos señalamientos, el representante permanente de Rusia ante las organizaciones internacionales en Viena, Mijaíl Uliánov, puntualizó que «algunos países sobrestiman su lugar en la jerarquía de prioridades de Rusia».

Diálogo ignorado

Por su parte, Vladímir Putin tuvo que reiterar una vez más esta semana que Rusia no tiene intención de atacar a ningún país, aunque advirtió a los ciudadanos europeos que Moscú se verá obligada a responder en caso de agresión. En ese sentido, el mandatario califica la expansión de la OTAN y la disposición de Bruselas a la confrontación militar como las principales amenazas para su país.

Asimismo, señala que el discurso de una posible guerra con Rusia es usado por los dirigentes europeos para frenar la caída de su popularidad. «Intentan simplemente salvar sus ratings en descenso, encubriendo errores en la política económica y social», sostiene. «Mejor vivamos en armonía, de lo contrario, también nosotros tendremos que responder. Esto debería ser obvio para todos», manifestó.

A pesar de que desde el Kremlin se ha reiterado en innumerables ocasiones la disposición de Rusia a dialogar con Europa, los líderes del Viejo Continente, en lugar de optar por un diálogo respetuoso, prefieren seguir echando leña a los temores del fantasma de la amenaza rusa que ellos mismos inventaron.