Irak entra en la era posterior a la coalición tras más de dos décadas de presencia militar
El final de la misión internacional deja a Bagdad ante el reto de asumir directamente la seguridad, gestionar el poder de las milicias y responder a las inquietudes del Kurdistán iraquí.
El 30 de septiembre concluyó en Irak la misión militar de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos. Con ello se cierra un ciclo iniciado con la invasión estadounidense de 2003: la presencia terminó formalmente en 2011 y volvió en 2014, a petición de Bagdad, para combatir al Estado Islámico*.
Las últimas fuerzas de la coalición abandonaron las bases iraquíes y el país entra ahora en una etapa en la que tendrá que asumir de manera directa la responsabilidad sobre su seguridad. El Gobierno de Irak presenta la retirada como un avance hacia la plena soberanía y sostiene que ya no quedan bases militares extranjeras en el país y que las fuerzas nacionales controlan el territorio.
Saad Maan, jefe de la Célula de Medios de Seguridad de Irak, afirmó antes de la retirada que el país estaba preparado para hacerse cargo plenamente de la gestión de la seguridad una vez concluida la misión de la coalición.
De la invasión al fin de la misión
Las fechas que estructuran la presencia militar descrita en el artículo.
Comienza la invasión estadounidense de Irak.
La presencia militar estadounidense termina formalmente.
Las fuerzas regresan a petición de Bagdad para combatir al Estado Islámico*.
Finaliza la misión militar de la coalición internacional en Irak.
El dilema de seguridad
La cuestión central ya no es solo qué fuerzas se van, sino qué estructura de poder queda tras su salida. Irak ha reconstruido de forma considerable sus instituciones de seguridad desde la derrota territorial del Estado Islámico, pero todavía debe demostrar que puede sostener por sí mismo el equilibrio entre el Ejército, los cuerpos de seguridad, las estructuras armadas vinculadas a las Fuerzas de Movilización Popular y los distintos centros de poder políticos y regionales.
El papel de las milicias es uno de los principales interrogantes de esta nueva etapa. Muchas formaciones están integradas formalmente en las Fuerzas de Movilización Popular, parte del aparato de seguridad iraquí, aunque algunas facciones conservan sus propias estructuras y capacidad de actuación.
Bagdad ha defendido que las armas deben quedar bajo control estatal, mientras varias organizaciones armadas se han resistido a entregar sus arsenales. Entre ellas, Kataib Hezbolá y Harakat Hezbolá al Nujaba han rechazado públicamente el desarme. Kataib Hezbolá vinculó su postura a la presencia de fuerzas extranjeras y también advirtió sobre la aparición de aviación “hostil” en el espacio aéreo iraquí.
Así se configura una paradoja: el Estado reivindica el monopolio de la fuerza como condición para consolidar su soberanía, pero parte del poder militar existente dentro del país sigue repartido entre organizaciones con autonomía política y operativa. La salida estadounidense no elimina por sí sola esa contradicción; deja a Bagdad frente a ella sin presencia militar extranjera sobre el terreno.
La cuestión kurda y la defensa aérea
La región del Kurdistán iraquí añade otra dimensión al escenario. Durante los últimos años mantuvo una estrecha cooperación militar con Estados Unidos y con fuerzas de la coalición. Con la retirada, las autoridades kurdas expresaron preocupación por la pérdida de determinadas capacidades, en particular las relacionadas con la defensa aérea.
El Ministerio de Asuntos de los Peshmerga advirtió que la salida de las fuerzas estadounidenses no irá acompañada de un sistema alternativo de defensa aérea y recordó que Bagdad será responsable de proteger el espacio aéreo iraquí.
Las autoridades del Kurdistán señalaron además que, en el contexto de la guerra actual entre EE.UU.-Israel e Irán, más de 1.000 drones y misiles balísticos han alcanzado la región. Tras la retirada, queda abierta la pregunta sobre quién aportará las capacidades necesarias para detectar y responder a amenazas de ese tipo.
Bagdad ha indicado que espera incorporar nuevos sistemas de defensa aérea procedentes de Corea del Sur, Turquía y Estados Unidos, aunque no se han dado fechas de entrega.
El coste humano de más de dos décadas
Tras más de 20 años de conflicto, las cifras muestran un enorme coste humano. El proyecto Costs of War de la Universidad Brown estima que entre marzo de 2003 y marzo de 2023 murieron en Irak entre 280.771 y 315.190 personas como consecuencia de las hostilidades.
Dentro de esa estimación figuran entre 186.694 y 210.038 civiles, entre 48.337 y 52.337 miembros de las fuerzas militares y policiales iraquíes y entre 36.806 y 43.881 combatientes de la oposición. El balance también contempla personal militar extranjero, contratistas, periodistas y trabajadores humanitarios.
Estimación de muertes en Irak, marzo de 2003–marzo de 2023
Cifras reproducidas sin redondeos a partir del proyecto Costs of War.
Entre las víctimas se encuentran también militares estadounidenses. El sistema oficial de bajas del Departamento de Defensa de EE.UU. contabiliza 4.418 militares estadounidenses muertos durante la Operación Iraqi Freedom, de ellos 3.481 por causas hostiles y 937 por causas no hostiles. A esa cifra se suman 123 militares estadounidenses muertos durante la Operación Inherent Resolve, iniciada contra el Estado Islámico en 2014.
El Reino Unido, principal aliado de Washington durante la invasión inicial, registró 179 miembros de las Fuerzas Armadas o empleados civiles del Ministerio de Defensa muertos durante la Operación TELIC; 136 de esas muertes fueron consecuencia de acciones hostiles.
Las cifras de víctimas iraquíes siguen siendo las más inciertas. Iraq Body Count, que recopila muertes violentas documentadas a partir de registros de hospitales, morgues, medios, ONG y fuentes oficiales, contabiliza actualmente entre 200.065 y 226.628 civiles muertos por violencia desde la invasión de 2003 y alrededor de 300.000 muertes violentas si se incluyen combatientes.
Ninguna cifra puede considerarse definitiva por las dificultades de registrar todas las muertes durante años de guerra. Al marcharse las últimas fuerzas de la coalición, Irak queda frente a una etapa nueva, pero también ante la huella acumulada de más de dos décadas de invasión, ocupación, insurgencia, guerra contra el Estado Islámico y violencia interna.