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Dos manos blancas rasgan un círculo rojo de papel; una surge de una tubería y la otra de un conjunto de proyectiles.
Análisis internacional

Japón frente a Rusia: tensión política, rearme y un vínculo energético que resiste

Una sucesión de choques diplomáticos, disputas territoriales y ejercicios militares ha elevado la tensión entre Tokio y Moscú. Pero la energía, la economía y la política interna japonesa siguen imponiendo límites a una ruptura completa.

Publicado: 1 oct 2026 · 13:31 GMTPor Yevgueni Balakin

El nuevo choque entre Japón y Rusia no nació de un único episodio. En pocas semanas coincidieron una disputa por un monumento en Jabárovsk, la visita de Vladímir Putin a Iturup, protestas diplomáticas cruzadas, ejercicios militares conjuntos de Japón, Estados Unidos y Australia y nuevas fricciones en torno a las islas Kuriles Meridionales. La intensidad de la secuencia proyectó una imagen de deterioro acelerado, aunque los especialistas consultados sostienen que el problema de fondo viene de mucho antes.

Un monumento convertido en símbolo del conflicto

El 4 de septiembre fue inaugurado en Jabárovsk un monumento de 15 metros dedicado a la victoria soviética sobre el Japón militarista y al final de la Segunda Guerra Mundial. La escultura muestra a un soldado soviético golpeando con la culata de su fusil un mojón con el emblema del crisantemo imperial. La piedra reproduce un hito fronterizo colocado por Japón en Sajalín después de la guerra ruso-japonesa.

Un día más tarde, la primera ministra Sanae Takaichi pidió que el monumento fuera retirado y consideró inaceptable la representación del símbolo imperial destruido. El ministro de Asuntos Exteriores, Toshimitsu Motegi, respaldó la protesta. Moscú descartó modificar la obra, mientras María Zajárova respondió públicamente a la exigencia. Pekín también intervino y llamó a Tokio a extraer lecciones de la historia.

El Gobierno japonés aprobó su nuevo Libro Blanco de Defensa.

Putin visitó Iturup, una de las islas reclamadas por Japón.

El embajador japonés en Rusia fue convocado por la Cancillería rusa.

Moscú protestó por los ejercicios Orient Shield y el posible despliegue de sistemas Typhon.

Fue inaugurado el monumento de Jabárovsk y surgió otra disputa por la representación cartográfica de las Kuriles.

La seguridad vuelve al centro de la política japonesa

El Libro Blanco de Defensa de Japón 2026, aprobado el 4 de agosto, marcó el tono de la nueva etapa. El documento, de 598 páginas, presenta a China como el principal desafío estratégico de Japón, seguida por Rusia y Corea del Norte, e incorpora además la idea de que el fortalecimiento militar está relacionado con la prosperidad económica.

En la parte dedicada a Rusia, el documento recoge vuelos de bombarderos Tu-95, 214 interceptaciones de aeronaves rusas durante el año, la expansión de patrullas navales conjuntas entre Rusia y China y la participación de un submarino en esas patrullas por primera vez en agosto de 2025. También menciona vuelos conjuntos de bombarderos rusos y chinos cerca de Shikoku y mantiene por segundo año la calificación japonesa de las acciones militares rusas en las Kuriles Meridionales como una ocupación ilegal. Un análisis del documento detalla además la adaptación de Tokio a drones producidos en masa y al uso de inteligencia artificial en la toma de decisiones.

Datos clave

214interceptaciones de aeronaves rusas registradas por Japón durante el año.
> 2 %umbral de gasto en defensa superado antes del calendario previsto en la estrategia de 2022.
8,8billones de yenes de gasto de defensa en el ejercicio fiscal actual.
8,9billones de yenes solicitados para el próximo año.
≈ 9 %del GNL importado por Japón en 2025 procedía de Rusia.
≈ 58 %de las exportaciones del proyecto Sajalín-2 se dirigían a Japón, según la estimación citada por Olga Bonch-Osmolovskaya.

Iturup reabre la disputa territorial

Nueve días después de la publicación del Libro Blanco, Putin visitó Iturup. Durante sus años en el poder nunca había estado en las islas meridionales de la cadena de las Kuriles, también reclamadas por Japón. Takaichi calificó la visita de inaceptable, Motegi reiteró que Tokio considera esas islas parte inherente del territorio japonés y el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés convocó al embajador ruso Nikolái Nozdrev.

Moscú rechazó esas objeciones y sostuvo que la soberanía rusa sobre Iturup y el resto de las Kuriles no está sujeta a discusión. El 18 de agosto, la Cancillería rusa convocó al embajador japonés Akira Muto y formalizó una protesta por las declaraciones de la primera ministra y del ministro de Exteriores.

En paralelo, el 15 de agosto Takaichi envió un tamagushi, una ofrenda ritual, al santuario de Yasukuni. No acudió personalmente y la donación se presentó como una iniciativa pagada con fondos propios y realizada en su condición de líder del Partido Liberal Democrático, no como jefa de Gobierno.

Los ejercicios militares y el círculo de reacción

La siguiente fricción llegó con los ejercicios Orient Shield, celebrados del 8 al 24 de septiembre por Japón, Estados Unidos y Australia. Parte de las maniobras tuvo lugar en Hokkaido, cerca de territorio ruso. Moscú expresó su protesta y señaló especialmente los sistemas estadounidenses Typhon, capaces de emplear misiles de medio y corto alcance.

Para Olga Bonch-Osmolovskaya, el problema no se limita a las intenciones declaradas, porque la infraestructura y las capacidades militares permanecen aunque cambien los gobiernos. Desde esa perspectiva, el proceso adquiere forma circular: Japón refuerza su potencial junto a Estados Unidos; Rusia responde aumentando su presencia en el Lejano Oriente; y Tokio utiliza ese refuerzo ruso como argumento adicional para ampliar sus propias capacidades.

El gasto acompaña esa dinámica. Japón superó antes de lo previsto el umbral del 2 % destinado a defensa. Para el ejercicio fiscal actual el gasto alcanzó 8,8 billones de yenes, mientras que la solicitud para el próximo año asciende a 8,9 billones de yenes, unos 56.000 millones de dólares.

En junio, el Parlamento aprobó el cambio de nombre de la Fuerza Aérea de Autodefensa a Fuerza Aérea y Espacial de Autodefensa, el primero de una de las tres ramas desde 1954. En agosto, Takaichi anunció además la creación de un Grupo de Operaciones Espaciales, un satélite para la conciencia del dominio espacial y la ampliación de la 15.ª Brigada de Okinawa hasta convertirla en una división.

La ruptura real empezó antes

Vasili Shchepkin, especialista en Japón, sitúa el origen de la congelación actual en 2022 y no en los episodios de agosto y septiembre de 2026. Ese año Tokio se sumó a las sanciones occidentales y Moscú respondió retirándose de las negociaciones sobre un tratado de paz, cancelando el régimen sin visado para ciudadanos japoneses en las islas Kuriles y suspendiendo el diálogo sobre actividades económicas conjuntas. La suspensión de las negociaciones marcó un cambio estructural en la relación.

Desde ese punto de vista, los choques recientes agravan un vínculo ya deteriorado, pero no han producido todavía una ruptura adicional comparable. En septiembre no hubo nuevas sanciones japonesas, expulsiones de diplomáticos ni cancelaciones de los proyectos que aún siguen activos. Las convocatorias de embajadores y las notas de protesta permanecieron, por ahora, dentro del repertorio diplomático habitual.

Shchepkin considera además que la relación bilateral depende cada vez más de factores externos, en particular del estado general de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. Para Bonch-Osmolovskaya, la política japonesa posterior a 2022 se ha integrado de forma mucho más estrecha en la línea occidental. Vladímir Nelídov, en cambio, enfatiza la lógica de seguridad y la dependencia institucional de la política exterior japonesa respecto de su alianza con Washington.

La tensión es visible, pero las acciones concretas siguen siendo más limitadas que la retórica.

La energía pone un límite práctico

Mientras la diplomacia se endurece, los buques continúan transportando gas natural licuado desde Sajalín a Japón. El proyecto Sajalín-2 sobrevivió al régimen de sanciones, al congelamiento del diálogo político y a las nuevas disputas. En junio, Estados Unidos prorrogó una licencia especial hasta el 18 de diciembre de 2026 para determinadas operaciones vinculadas al proyecto y al suministro a Japón.

El peso del gas ruso sigue siendo relevante. Según datos atribuidos al Ministerio de Economía japonés, alrededor del 9 % del GNL importado por Japón en 2025 procedía de Rusia. Bonch-Osmolovskaya añade que, vista desde el otro lado, la dependencia es aún mayor: Japón absorbía cerca del 58 % de las exportaciones del proyecto.

Nelídov interpreta esta interdependencia como una de las razones por las que la confrontación no ha pasado de cierto nivel. Japón dispone de poco margen para añadir presión económica sin poner en riesgo intereses propios y ha mantenido su participación en los proyectos petroleros y gasísticos de Sajalín, incluso cuando Washington promovía una reducción de la dependencia rusa.

Los vínculos culturales, educativos, turísticos y humanitarios también se han conservado parcialmente. Shchepkin atribuye parte de esa continuidad a sectores de la diplomacia japonesa que defendieron mantener canales no políticos incluso durante los años de mayor tensión.

Bonch-Osmolovskaya describe el estado actual como una “paz fría”: una ruptura completa tendría costes significativos para ambos países, aunque por razones diferentes.

Por qué Takaichi necesitaba responder

La dureza de las declaraciones de Takaichi también tiene una dimensión interna. Su perfil político se apoya en una visión conservadora de la identidad nacional, y guardar silencio ante la visita de Putin a un territorio reclamado por Japón, el monumento de Jabárovsk o los ejercicios militares habría tenido un coste dentro de su propio partido y entre parte de su electorado.

Los especialistas destacan que la protesta por el monumento fue publicada en redes sociales y no se convirtió en una gran campaña nacional. Los principales medios japoneses, salvo algunos medios conservadores, le dedicaron una atención limitada. La ofrenda al santuario de Yasukuni siguió una lógica similar: fue una señal hacia el público doméstico calibrada para no provocar una crisis adicional con Pekín.

El hecho de que los gestos simbólicos no fueran acompañados por nuevas medidas punitivas es importante para interpretar la secuencia. Una parte considerable de la retórica estaba dirigida al escenario interno. Aun así, los compromisos públicos crean posiciones difíciles de revertir y condicionan a los gobiernos posteriores.

Estados Unidos, la industria de defensa y el dilema de seguridad

Bonch-Osmolovskaya considera que Estados Unidos obtiene ventajas de una relación más tensa entre Tokio y Moscú, porque aumenta la dependencia japonesa en armamento, inteligencia, suministros y garantías de seguridad. También identifica intereses domésticos dentro de Japón: sectores favorables a revisar las restricciones de posguerra y fabricantes de armas que encuentran nuevas oportunidades a medida que se amplían las exportaciones.

Nelídov propone una lectura menos intencional y la encuadra en el “dilema de seguridad”: un Estado refuerza su defensa; sus vecinos interpretan ese refuerzo como una posible amenaza; responden aumentando sus propias capacidades; y el primer Estado ve confirmada la necesidad de seguir rearmándose. El resultado es una espiral en la que cada paso defensivo puede producir un entorno más inseguro.

En esta visión, la dependencia de Japón respecto de los marcos políticos y estratégicos de Occidente limita la aparición de una agenda realmente autónoma hacia Rusia. Las percepciones negativas mutuas, alimentadas durante décadas, hacen todavía más difícil una normalización rápida.

¿Dónde estaría el punto de ruptura?

Bonch-Osmolovskaya sitúa un umbral concreto en el eventual despliegue permanente de sistemas estadounidenses de largo alcance en Japón. A su juicio, Moscú respondería con un refuerzo adicional en las Kuriles y Sajalín, mientras los vínculos económicos, comenzando por la pesca y después por otros segmentos del comercio, podrían reducirse aún más.

La especialista no considera probable una guerra ruso-japonesa como conflicto independiente. Un enfrentamiento directo, en su escenario, solo aparecería dentro de una crisis mucho mayor entre Rusia y Estados Unidos o en torno a Taiwán, con implicación de otros países de la región.

Nelídov también distingue la carrera armamentística de una preparación para la guerra. La doctrina japonesa coloca a China y Corea del Norte por encima de Rusia en la jerarquía de amenazas. A su juicio, Tokio muestra “prácticamente ninguna disposición real a emprender acciones agresivas contra Rusia”, y ambas partes conocen los costes de cruzar determinados límites.

La experiencia de Asia Oriental también pesa: las disputas territoriales y los agravios históricos son frecuentes, pero las élites regionales han aprendido a administrar crisis sin transformarlas automáticamente en guerras. La reciente tensión entre Japón y China por Taiwán ofrece, para Nelídov, un ejemplo de deterioro severo seguido de una posterior estabilización.

Un deshielo condicionado por algo más grande

Los tres especialistas coinciden en que no existe una solución bilateral sencilla. La normalización entre Japón y Rusia depende, en gran medida, de un cambio más amplio en las relaciones entre Moscú y Occidente. Shchepkin considera que, si el régimen de sanciones se reduce después del conflicto en Ucrania, Japón podría estar entre los primeros países dispuestos a reactivar el diálogo.

Las interpretaciones, sin embargo, divergen sobre la profundidad de la crisis actual. Nelídov la ve como otra oscilación dentro de una larga historia regional de disputas. Bonch-Osmolovskaya cree que expresa una transformación más profunda: Rusia busca afirmarse de manera más autónoma, mientras Japón se integra cada vez más en la arquitectura estratégica estadounidense.

La conclusión común es menos dramática que la retórica de las últimas semanas. Tokio y Moscú han elevado el tono, refuerzan posiciones y se observan con mayor desconfianza, pero siguen existiendo intereses energéticos, económicos y humanos que encarecen una ruptura definitiva. Por ahora, la relación está congelada; no rota.

Texto reescrito y estructurado en formato editorial. Los enlaces están integrados en el contexto de los hechos citados.