La elección regional de Sajonia-Anhalt ha colocado a Alternativa para Alemania (AfD) en una posición inédita. El partido obtuvo el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional, su mejor registro en este tipo de comicios y más del doble del apoyo logrado en 2021. La CDU, encabezada a nivel federal por el canciller Friedrich Merz, quedó lejos con el 17,2 % y 15 escaños.
La mayoría absoluta está fijada en 42 diputados. La AfD no llegó a ese umbral, pero el resultado modifica por completo la aritmética política de Magdeburgo: por primera vez, la formación se encuentra a escasa distancia de dirigir un estado federado y el desenlace de las negociaciones puede convertirse en un precedente para el resto del país.
Radiografía electoral
De la crisis del euro a una agenda más amplia
La AfD nació en 2013, en el contexto de la crisis de la eurozona. En sus primeros años se presentó sobre todo como una fuerza euroescéptica y crítica con los rescates financieros a países europeos y con la política del Gobierno de Angela Merkel. Después de la crisis migratoria de 2015, sus posiciones se endurecieron en cuestiones de inmigración, asilo, identidad nacional y relación con la Unión Europea.
Su programa, sin embargo, no se limita a la inmigración. La formación plantea un giro en la política energética y exterior de Alemania, con la recuperación de los vínculos económicos con Rusia y un regreso a un modelo apoyado en energía más barata. Dirigentes del partido también han defendido reactivar Nord Stream y retomar las importaciones de gas ruso, bajo la idea de que los altos costes energéticos han erosionado la competitividad industrial alemana.
Tres caminos para formar gobierno
La AfD interpreta el resultado como un mandato para intentar gobernar. Su candidato, Ulrich Siegmund, ha defendido que la formación debe buscar la jefatura del Ejecutivo regional. El principal obstáculo es la llamada Brandmauer, la política con la que los grandes partidos alemanes rechazan coaliciones y cooperación política con la AfD.
Una posibilidad es un entendimiento con el BSW de Sahra Wagenknecht. Ese partido consiguió cinco escaños y ha mostrado mayor disposición que las fuerzas tradicionales a dialogar con la AfD en asuntos concretos. Ambas formaciones comparten puntos de contacto en la limitación de la inmigración, el abaratamiento de la energía y la reanudación del diálogo con Rusia. Juntas sumarían 44 escaños, dos por encima de la mayoría absoluta.
Otra opción sería reunir a todas las fuerzas contrarias a la AfD. CDU, SPD, Verdes, Die Linke y BSW también alcanzarían 44 escaños. El problema es político: un gobierno sostenido por cinco partidos exigiría pactos entre fuerzas con diferencias ideológicas profundas. Si ninguna fórmula prospera, el tercer escenario es el bloqueo, con el riesgo de que fracase la formación de gobierno y se abra la vía a nuevas elecciones.
Merz y la prueba de la Brandmauer
El resultado también golpea directamente a Friedrich Merz. El canciller había endurecido el perfil de la CDU en inmigración y seguridad para recuperar electores de la AfD, pero las urnas muestran que ese giro no frenó el crecimiento del partido opositor.
El politólogo Artem Sokolov señaló al diario Ostdeutsche Allgemeine que una entrada de la AfD en el gobierno y el fracaso de la Brandmauer abrirían una nueva fase en el sistema de partidos alemán y podrían elevar la probabilidad de una dimisión anticipada del canciller.
Merz reconoció que el resultado obliga a abandonar la idea de volver simplemente a la situación previa. Al mismo tiempo, sostuvo que el orden constitucional dispone de instrumentos para responder ante un eventual gobierno regional de extrema derecha y describió el momento como una transformación profunda del sistema de partidos.
La brecha entre el este y el oeste
La votación también vuelve a exponer las diferencias estructurales entre el este y el oeste de Alemania, pese a que la reunificación ocurrió hace más de 35 años. La publicación analítica EU Perspectives resume la situación de la región con la frase: “Décadas de declive industrial, pérdida de población y un éxodo de residentes más jóvenes”. Según ese análisis, ese contexto ha facilitado que la AfD capitalice entre parte del electorado la percepción de que la región se ha quedado atrás.
La disputa ya no se limita a quién gobernará Sajonia-Anhalt. El resultado plantea si la victoria de la AfD inaugura una etapa en la que la Brandmauer deje de ser una regla intocable y la formación pase de fuerza de protesta a fuerza de gobierno.