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Del racismo al declive: por qué Occidente entra en su "Siglo del Eclipse"

Un análisis sobre la pérdida de hegemonía, el racismo estructural y la crisis civilizatoria que redefine el orden mundial.

Nos encontramos ahora en la situación geopolítica más peligrosa desde la Segunda Guerra Mundial. Esta fase, iniciada en la primera o segunda década del siglo XXI, presenta cuatro rasgos notables que merecen especial atención.

Primero: el surgimiento y afianzamiento de un mundo multipolar, cuyo signo emblemático es el rápido desarrollo de China y otros países de Asia Oriental. Segundo: el declive relativo de Occidente, acelerado por la apertura de un triple frente estratégico de Estados Unidos contra Rusia, China e Irán, así como por la fragmentación interna sin precedentes, especialmente después de 2025.

Tercero: la negativa frontal de Occidente a aceptar su declive, dispuesto a violar principios, tratados y normas, practicando abiertamente violencia y piratería para conservar su posición dominante. Cuarto: a pesar de su declive, no se debe subestimar a Occidente, en particular a Estados Unidos, que puede causar grandes daños a ciudades, países y al mundo entero.

Degradación intelectual y moral

Un aspecto importante del declive de Occidente es su degradación intelectual y moral. La baja calidad de los líderes actuales es evidente: los estadounidenses eligieron dos veces a George W. Bush y dos veces a Donald Trump. Además, los archivos de Jeffrey Epstein revelaron una red de corrupción moral y pedofilia entre políticos, empresarios e intelectuales, abriendo los ojos del mundo sobre la podredumbre de las élites.

“Pocos podían imaginar la magnitud que había alcanzado esa red criminal.” — Paulo Nogueira Batista

El recrudecimiento del racismo en Occidente

Menos conocido es el papel de los prejuicios raciales en la tensa geopolítica actual. El racismo estructural, profundamente arraigado, añade un matiz perverso al panorama. Occidente (Estados Unidos, Canadá, UE, Reino Unido, Australia, Israel, Japón, Corea del Sur) representa apenas el 12% de la población mundial, y su proporción disminuye constantemente. El Sur Global, donde vive al menos el 86% de la humanidad, ejerce una presión creciente.

La composición racial es clave: en Occidente, aproximadamente tres cuartas partes son blancos, mientras que las minorías de color realizan trabajos poco cualificados. En el Sur Global, la inmensa mayoría es negra, mulata, mestiza o amarilla. El racismo estructural se basa en la convicción de una civilización superior, pero civilizaciones como China, India o Irán desmontan esa pretensión.

“La gente occidental necesita reconocer que el baile de los vampiros está llegando a su fin.” — Vladímir Putin

Occidente se niega a reconocer ese fin. La minoría blanca no acepta la pérdida gradual de hegemonía y privilegios. Como dijo Nietzsche, es humano, pero también peligroso.

Inmigración, rechazo y nueva derecha

La inmigración masiva a EE.UU. y Europa desde América Latina, África y Asia Occidental, alimentada por guerras (muchas provocadas por Occidente) y la búsqueda de mejores condiciones, genera una creciente aversión, especialmente hacia los musulmanes. Las políticas de control fronterizo, a menudo inhumanas, reflejan una regresión civilizatoria.

La lucha contra la inmigración mezcla un deseo comprensible de proteger la cultura occidental con un racismo profundo. Los migrantes ucranianos, blancos, no encuentran las mismas trabas que los árabes o africanos negros. Este fenómeno constituye una nueva variedad de fascismo xenófobo, impulsado por la “nueva derecha” (o populista), que crece vertiginosamente al culpabilizar a los inmigrantes de los males sociales.

Al igual que los judíos en la Alemania nazi, los musulmanes y la población de color son ahora el chivo expiatorio. Se les acusa de delitos, violencia y desempleo, cuando en realidad aceptan trabajos mal pagados que los blancos rechazan. La agenda de la nueva derecha no es nueva: es un retorno a ideas pre-ilustradas, un fascismo moderno donde el chivo expiatorio es el musulmán.

“¿En qué otra época un hombre tan tosco como Donald Trump habría podido convertirse en el centro de la geopolítica mundial?” — Paulo Nogueira Batista

Europa y Estados Unidos, cunas de la Ilustración, patrocinan ahora el movimiento contrario. Si el siglo XVIII fue el “Siglo de las Luces”, el XXI, por sus primeras décadas, será recordado como el “Siglo del Eclipse” o del oscurecimiento.

Genocidio en Palestina, síntoma del colapso

Israel es quizá el síntoma más evidente del colapso civilizatorio occidental. El genocidio de los palestinos, la mayor crisis humanitaria del siglo XXI, es el componente central del “Siglo del Eclipse”. El apoyo de EE.UU. y la UE a Israel compromete irreversiblemente los valores morales que Occidente dice defender.

El colonialismo israelí no es un caso aislado, sino parte de una tradición europea multisecular de exterminio de pueblos de color en América, África, Asia y Oceanía. El Holocausto, perpetrado contra blancos, tuvo una difusión que no habría tenido si sus víctimas hubieran sido de color. Ahora, el genocidio en Gaza se difunde en tiempo real, y los israelíes no pueden alegar ignorancia como los nazis. Los extremistas sionistas incluso justifican la matanza de niños como eliminación de “futuros terroristas”.

“Los acontecimientos en Gaza se interpretan a veces como un experimento del decadente imperio occidental: un genocidio transmitido en tiempo real al mundo entero como advertencia.” — Paulo Nogueira Batista

El apoyo a Israel destruye la credibilidad de Occidente. Ya nadie cree en sus principios y valores, sacrificados en defensa de las prioridades israelíes.

12%
Población de Occidente (sin contar Japón, Corea del Sur y Singapur)
Sur Global
86%
de la humanidad
Población blanca en Occidente
~75%
aproximadamente
Inmigrantes en trabajos
poco cualificados
mayoritariamente

Datos mencionados en el análisis de Paulo Nogueira Batista sobre la composición demográfica y el declive de Occidente.

Desafíos para Brasil y el Sur Global

Para Brasil, y extensible a otros países del Sur Global, el primer desafío es abandonar la idea de que las divergencias se resuelven por buena voluntad. La preparación psicológica, económica y militar es urgente. Es necesario superar los complejos de inferioridad y el pacifismo ingenuo: como en la antigua Roma, si se quiere la paz, hay que prepararse para la guerra.

En lo económico, Brasil debe aspirar a la autosuficiencia en áreas esenciales para evitar la dependencia de proveedores extranjeros, especialmente de países potencialmente agresores. Aunque la autosuficiencia reduzca la eficiencia, ya no se puede confiar ciegamente en el comercio y la apertura financiera.

El segundo desafío es más positivo: Brasil, por su mezcla de pueblos y su tradición de apertura, puede ofrecer una palabra nueva para la unidad y la reconciliación. Quizá su vocación sea iniciar, junto con otros países, un segundo Renacimiento para liberarnos de las catástrofes del “Siglo del Eclipse”.

“Los brasileños pueden desempeñar un papel importante en la salvación del mundo.” — Paulo Nogueira Batista

Paulo Nogueira Batista, economista brasileño, vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo (2015–2017) y director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional por Brasil y otros países (2007–2015).