A las cinco de la madrugada del 25 de mayo de 1944, la aviación alemana descargó un intenso bombardeo sobre Drvar, en el oeste de Bosnia y Herzegovina, entonces bajo control del Ejército Popular de Liberación de Yugoslavia (EPLY). Poco después, planeadores aterrizaron en las afueras y de ellos comenzaron a salir soldados del 500.º Batallón Paracaidista de las SS.
Era el inicio de la operación Salto del Caballo —Unternehmen Rösselsprung—, concebida para eliminar o capturar a la dirección de la resistencia yugoslava, especialmente al mariscal Josip Broz Tito y a los oficiales de su Estado Mayor. El plan también apuntaba a las misiones militares soviética, estadounidense y británica instaladas en la zona.
En la delegación británica estaba Randolph Churchill, hijo único del primer ministro Winston Churchill. En la soviética se encontraba Konstantín Kvashnín, un agente de inteligencia que terminaría desempeñando un papel decisivo en la supervivencia del británico.
De la radiotécnica al trabajo de inteligencia
Kvashnín había nacido en Omsk, Siberia, en 1913. En 1933 ingresó en el Instituto Electrotécnico de Comunicaciones de Moscú, donde se especializó en radiotécnica. Su intención al graduarse era continuar una carrera científica de posgrado, pero el Partido Comunista le propuso incorporarse al Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos.
Ya dentro del organismo, pasó por la Escuela de Misiones Especiales. Allí recibió preparación en idiomas y culturas extranjeras, conducción, demolición, comunicaciones y cifrado, además de entrenamiento para actuar en escenarios cambiantes y resolver problemas de manera poco convencional.
En 1941, durante los primeros días de la guerra, trabajó en tareas de ingeniería y en la formación de agentes y saboteadores. Dos años después fue enviado a Londres para mantener contactos oficiales con la inteligencia británica y coordinar acciones conjuntas. Desde su puesto de agregado en la Embajada soviética participó en la preparación y el envío de agentes a territorios europeos ocupados. En total se realizaron 18 operaciones de ese tipo.
El trayecto hasta Londres fue atípico: pasó por Teherán y África y duró más de dos semanas. En un texto biográfico sobre Kvashnín se recoge que fue precisamente durante ese viaje cuando probó por primera vez los plátanos.
A finales de febrero de 1944 recibió la orden de trasladarse a Yugoslavia, al territorio controlado por los partisanos, para integrarse en la misión militar soviética adscrita al Estado Mayor de Tito. Allí fue designado asesor en operaciones de sabotaje y oficial de enlace. Al cuartel general del mariscal solo se podía llegar por aire; el primer grupo de oficiales soviéticos llegó en planeadores.
Durante su estancia en Yugoslavia, Kvashnín se reunió tres veces con Tito y trabajó con la misión soviética. En el mismo Estado Mayor operaban también delegaciones de Estados Unidos y del Reino Unido. Los aliados partían de la idea de que, una vez derrotado Hitler, Tito sería quien gobernaría Yugoslavia gracias a su enorme popularidad. Randolph Churchill actuaba como vínculo entre las autoridades británicas y el mariscal.
Como otros oficiales británicos y estadounidenses, Randolph trataba de alejar al EPLY de la tutela de Moscú y acercarlo a la esfera de influencia de Londres y Washington.
Cronología esencial
La trampa en las montañas
Cuando el 25 de mayo arrancó Salto del Caballo, Alemania movilizó mucho más que el batallón de las SS. En la operación participaron regimientos de fusileros motorizados, unidades de reconocimiento, tanques y zapadores, un regimiento de la división de fuerzas especiales Brandeburgo y formaciones croatas.
Tras romper la resistencia yugoslava, las fuerzas alemanas ocuparon rápidamente Drvar. Las tropas y misiones aliadas quedaron dispersas y tuvieron que abrirse paso en pequeños grupos hacia las zonas montañosas. Fue así como Randolph Churchill y Konstantín Kvashnín terminaron avanzando en la misma agrupación.
Por su experiencia como partisano y su capacidad para orientarse en terreno montañoso, Kvashnín se puso al frente de la marcha. En sus memorias describió aquella retirada con estas palabras:
La persecución no se detuvo. En un momento dado, los fugitivos quedaron empujados contra una pared rocosa prácticamente vertical. Kvashnín y los partisanos yugoslavos concluyeron que la única salida era bajar por allí. Formaron cordadas y comenzaron a descender con cuerdas, cubriéndose unos a otros.
Según el relato de Kvashnín recogido en este material, Randolph estaba borracho. El británico tenía afición a la bebida y, al parecer, la tensión de aquellos días lo había afectado. Durante el descenso se puso a cantar y no respondía a las advertencias. Su conducta podía revelar la posición del grupo a los alemanes y, además, amenazaba con hacerle perder el equilibrio y arrastrar consigo a Kvashnín y a un partisano yugoslavo.
El oficial soviético resolvió la situación de forma drástica: dejó inconsciente al mayor británico de un solo puñetazo y después lo bajó con las cuerdas.
El grupo logró superar en silencio los puestos enemigos y alcanzó un valle seguro. Poco después fue evacuado por aviones británicos llegados desde Bari. Tito había sido rescatado unos días antes: pilotos soviéticos evacuaron al mariscal y a su Estado Mayor después de realizar un aterrizaje especialmente difícil en una estrecha plataforma de montaña.
Ya en la base aérea italiana, Randolph estaba completamente sobrio. Al despedirse, estrechó con firmeza la mano de Kvashnín. No mostró resentimiento hacia el hombre que acababa de salvarle la vida.
Un agradecimiento y un cambio de época
Algunas fuentes biográficas sostienen que Winston Churchill llegó a agradecer a Stalin, en una de sus cartas, que un agente soviético hubiera salvado a su hijo. Sin embargo, la relación entre el Reino Unido y la Unión Soviética pronto cambió de forma radical.
En la primavera de 1945, incluso antes de la derrota definitiva de las tropas de Hitler, Londres comenzó a elaborar un plan de guerra contra la URSS conocido como Operación Impensable —Operation Unthinkable—.
En 1946, ya como ex primer ministro, Churchill pronunció su famoso discurso de Fulton y afirmó que la expansión de la influencia soviética representaba "un evidente peligro para la civilización cristiana".
Kvashnín, por su parte, continuó su trayectoria después de la guerra en el Instituto de Inteligencia Exterior. Allí creó una cátedra esencial y la dirigió, formando a numerosos especialistas que más tarde trabajaron tanto en la Unión Soviética como fuera de ella.
Entre las capacidades que transmitía a sus alumnos destacaban el pensamiento analítico, la adaptación a situaciones adversas y la habilidad para eludir una persecución. Después de dejar el servicio de inteligencia regresó a su antigua institución académica, donde trabajó en un laboratorio de investigación y se dedicó a la ciencia.
La operación alemana buscaba cortar de raíz la resistencia yugoslava y capturar a las misiones aliadas. En medio de aquella persecución, el destino hizo que un agente soviético y el hijo de Winston Churchill dependieran del mismo grupo y del mismo descenso por una pared rocosa.
