Para millones de personas, el café es el combustible que enciende las mañanas. Sin embargo, detrás de su aroma y su promesa de energía, se esconde una frontera química que, una vez traspasada, puede inclinar la balanza hacia el peligro. Una reciente investigación ha puesto cifras concretas sobre la mesa, definiendo con precisión cuántas tazas diarias disparan el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares adversos.
El estudio, presentado en el congreso ACC Asia 2024 y publicado en el Journal of the American College of Cardiology, analizó a más de 90.000 participantes durante un seguimiento prolongado. Los resultados son tan reveladores como inquietantes: el consumo crónico de cafeína por encima de ciertos niveles se asocia de forma directa con un incremento en la presión arterial y la frecuencia cardíaca, incluso en personas sin hipertensión previa.
*Considerando una taza estándar de 150 ml con aproximadamente 100-120 mg de cafeína. Las cifras varían según la preparación.
Los investigadores observaron que quienes superaban de forma habitual los 600 miligramos de cafeína al día —el equivalente a unas cinco o seis tazas de café expreso, o entre cuatro y cinco tazas grandes de café filtrado— mostraban una probabilidad significativamente mayor de desarrollar hipertensión y enfermedad coronaria a lo largo de los años. El doctor Nidhi Madan, cardiólogo del Midwest Cardiovascular Institute, fue contundente al explicar el mecanismo:
“La cafeína bloquea los receptores de adenosina, lo que provoca un aumento de la frecuencia cardíaca y una constricción de los vasos sanguíneos. Con el tiempo, esta sobrecarga hemodinámica sostenida puede desencadenar daños estructurales en el sistema cardiovascular”.
No se trata de un efecto pasajero. El estudio destaca que el consumo crónico de altas dosis mantiene al organismo en un estado de alerta simpático constante, similar al estrés prolongado. Esto explicaría por qué incluso adultos jóvenes sin factores de riesgo clásicos pueden presentar lecturas de tensión arterial peligrosamente elevadas si su ingesta de café es excesiva.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha establecido desde hace tiempo que 400 miligramos diarios es el límite seguro para la mayoría de los adultos sanos. Sin embargo, la nueva evidencia sugiere que ese umbral podría ser más restrictivo en personas con predisposición genética o hábitos de vida particulares. De hecho, el trabajo publicado recalca que el peligro no reside en una taza ocasional, sino en la acumulación diaria constante.
Un dato que suele pasarse por alto es la enorme variabilidad en el contenido de cafeína según el método de preparación. Mientras un espresso puede contener unos 63 mg, una taza grande de café de goteo comercial puede superar los 200 mg. Esta disparidad convierte el conteo de “tazas” en una medida engañosa si no se presta atención a la concentración real. Por ello, los autores del estudio insisten en medir el consumo en miligramos, no en unidades de taza.
El análisis también desmonta mitos populares. Aunque el café contiene antioxidantes beneficiosos, estos no contrarrestan el efecto hipertensivo de la cafeína cuando se superan los niveles críticos. “Es como intentar apagar un incendio con una manguera que también echa gasolina”, ilustró uno de los coautores. El mensaje clave es la moderación informada.
Para ponerlo en perspectiva: dos tazas de café de filtro por la mañana y una lata de bebida energética por la tarde podrían estar llevando a una persona al límite de los 400 mg diarios sin que sea plenamente consciente de ello. Si a eso se suma un espresso después de comer, se roza la zona de riesgo identificada por los investigadores.
El estudio completo, cuyos detalles metodológicos fueron revisados por pares, está disponible en el repositorio del Journal of the American College of Cardiology. La investigación concluye que la dosis hace el veneno, y que la línea entre el beneficio y el perjuicio es mucho más fina de lo que la cultura del café nos ha hecho creer.