Proyecto Azorian: el plan secreto para elevar el K-129 desde el abismo
El submarino soviético desapareció en 1968 con 98 marineros y tres misiles balísticos. A 5.030 metros bajo el Pacífico, Estados Unidos puso en marcha una operación clandestina para recuperar parte de la nave y la información que guardaba.
Una patrulla que terminó en silencio
La historia del Proyecto Azorian comenzó en 1968. El K-129, un submarino diésel-eléctrico de la URSS, salió de su base en Petropávlovsk, en el Lejano Oriente soviético, rumbo a una zona de patrulla en tiempos de paz situada en el océano Pacífico, al noreste de Hawái.
A bordo llevaba tres avanzados misiles balísticos R-21, denominados SS-N-5 Serb por la OTAN. Poco después de la partida, la nave y toda su tripulación dejaron de dar señales.
El 8 de marzo de 1968 debía transmitir un mensaje de control por radio. El cuartel general de la Flota del Pacífico envió un radiograma para comprobar las comunicaciones, pero no obtuvo respuesta. Cuando habían pasado 2 semanas sin restablecer el contacto, el mando naval soviético ordenó una búsqueda de gran escala.
La búsqueda soviética y la pista estadounidense
Aviones, buques de guerra y embarcaciones de apoyo recorrieron la ruta prevista. Durante 70 días, tres docenas de buques de la Flota del Pacífico rastrearon el trayecto entre Kamchatka y Hawái. También se recogieron muestras de agua para detectar radiactividad. No apareció el submarino ni se encontró ningún indicio del desastre.
Finalmente, la operación fue suspendida. Las familias de los 98 marineros recibieron comunicados de duelo, mientras la desaparición quedó clasificada como secreta por la dirección militar y política de la URSS. El K-129 fue retirado de los registros de la Armada.
El despliegue no pasó inadvertido. La Armada estadounidense observó la concentración de aeronaves y barcos soviéticos en el Pacífico y dedujo que podía tratarse de la búsqueda de un submarino hundido.
El hallazgo a 5.030 metros
Especialistas estadounidenses en guerra antisubmarina revisaron entonces los registros de SOSUS, el Sistema de Vigilancia Acústica: una extensa red de sonares submarinos creada para localizar unidades de un posible adversario.
Después de que la URSS abandonara sus labores de búsqueda, Estados Unidos situó el K-129 a unos 2.900 kilómetros al noroeste de Hawái. El pecio descansaba a 5.030 metros de profundidad.
La zona fue examinada por el submarino nuclear USS Halibut, capaz de permanecer suspendido en la columna de agua y de descender cámaras hasta 7 kilómetros. Las miles de fotografías obtenidas permitieron a la CIA y al mando naval preparar un proyecto de recuperación.
Cronología de una operación excepcional
El K-129 no responde al mensaje de control por radio.
Tres docenas de buques soviéticos rastrean la ruta entre Kamchatka y Hawái.
Se construye el Hughes Glomar Explorer con su sistema hidráulico y una enorme “garra”.
La operación de recuperación se ejecuta bajo el más estricto secreto.
Se realiza el funeral naval de seis submarinistas soviéticos.
Robert Gates entrega a Boris Yeltsin la grabación del ritual funerario.
Qué buscaba Estados Unidos
El valor de la nave hundida iba mucho más allá de su casco. Las imágenes del fondo mostraban una oportunidad para obtener información sobre las capacidades estratégicas soviéticas. El reto técnico consistía en elevar, desde un abismo de más de 5 kilómetros, una sección de 1.750 toneladas y 40 metros de longitud sin revelar la misión.
La CIA recurrió a compañías privadas, entre ellas Lockheed y Global Marine, para resolver aquella “pesca” sin precedentes. Los ingenieros diseñaron un buque especial y equipos que no tenían equivalente dentro de un programa sometido a un secreto extremo.
Según Vince Houghton, curador del Museo Internacional del Espionaje en Washington, el interés por el K-129 no se limitaba a los libros de códigos ni a las ojivas nucleares. Estudiar cómo había sido fabricado permitiría conocer sus sistemas de sonar y los mecanismos que ayudaban a los submarinos soviéticos a operar en silencio, información útil para mejorar su detección.
También existía un riesgo jurídico: si Moscú descubría el plan ilícito de rescate, Estados Unidos podía quedar expuesto a acusaciones de piratería. Para reducir las tensiones diplomáticas y proteger cualquier información recuperada, la CIA preparó una elaborada cobertura con la colaboración de Howard Hughes.
Howard Hughes y la gran coartada
El magnate de la aviación autorizó la construcción de un barco de 188 metros de eslora bautizado Hughes Glomar Explorer. De cara al público, se presentó como una plataforma de investigación minera en aguas profundas.
Construido en 1972, el buque incorporaba un sistema hidráulico de elevación singular y una “garra” de enormes dimensiones. La explicación oficial sostenía que serviría para extraer del lecho marino bolas polimetálicas conocidas como “nódulos de manganeso”.
El ascenso y la fractura
De acuerdo con la historia desclasificada del proyecto, la maniobra se desarrolló entre julio y agosto de 1974 con un nivel máximo de secretismo. El Hughes Glomar Explorer operó bajo la apariencia de un buque de reconocimiento en alta mar.
Las abrazaderas hidráulicas lograron sujetar el submarino y comenzó un ascenso lento. Sin embargo, la estructura no recibió el soporte suficiente. El casco se abrió a lo largo de una grieta situada en el extremo del compartimento central y la sección de popa volvió a caer al fondo.
Lo que pudo salir del océano
La dimensión de la parte recuperada sigue siendo objeto de versiones contradictorias. Algunos periódicos estadounidenses hablaron de aproximadamente 30 metros de un submarino de 100 metros; oficiales de la Armada de EE.UU. afirmaron que solo se habían elevado 13 metros. Esa diferencia pudo formar parte de una estrategia de desinformación destinada a ocultar el material obtenido.
Houghton mantuvo sus dudas sobre el relato del aparente fracaso:
"La opinión generalizada es que se trató de una misión fallida", dijo. "[La CIA] ha permitido que esa creencia sea la que todos entienden, pero ¿por qué no lo harían? Siempre digo: 'No tenemos ni idea de lo que consiguieron'".
Vince Houghton
La sección de proa que llegó a la superficie contenía, no obstante, materiales de interés. En primer lugar, se recuperaron dos torpedos nucleares.
La inspección también reveló numerosos documentos técnicos, entre ellos un manual de operación de misiles balísticos. Había además informes, instrucciones, órdenes, manuales y otros componentes de la “burocracia militar”.
Los restos permitieron conocer aspectos concretos del diseño: el grosor exacto del compartimento de combustible, la configuración de escotillas y cubiertas y los materiales empleados. Aun así, no existen datos fiables sobre el volumen total que la CIA obtuvo en las distintas misiones realizadas en el lugar del hundimiento.
Un hundimiento todavía sin explicación
La causa de la pérdida del K-129 continúa sin aclararse. Las varias teorías formuladas incluyen una explosión de municiones o baterías y una entrada masiva de agua en el casco de presión.
Otra hipótesis atribuye la fuga a un fallo en el suministro de aire de los motores diésel cuando funcionaban en posición de periscopio. También se ha planteado una colisión con otro submarino o con un buque; en este contexto se menciona una unidad estadounidense.
Muchos oficiales de la unidad electromecánica BC-5 que sirvieron en submarinos del Proyecto 629 consideraron que el K-129 pudo perderse tras una inmersión involuntaria por debajo de la profundidad máxima permitida para ese tipo de nave.
Seis marineros y un funeral en el mar
La operación tuvo también una dimensión humana. En octubre de 1992, durante una reunión en Moscú, el director de la CIA Robert Gates entregó al entonces presidente Boris Yeltsin una grabación del funeral de seis submarinistas soviéticos pertenecientes a la tripulación del K-129.
El rito se había celebrado el 4 de septiembre de 1974 conforme a las tradiciones funerarias navales soviéticas. Tras una oración del capellán en ruso y en inglés, y mientras sonaban los himnos de la URSS y Estados Unidos, el contenedor fue sumergido en el océano como muestra del máximo respeto hacia los marineros soviéticos.