Una explicación demasiado simple
En las redes sociales se ha extendido la idea de que la grasa abdominal es una consecuencia directa de un exceso de cortisol. Bajo las etiquetas 'panza por estrés' y 'panza de cortisol', numerosos creadores de contenido ofrecen fórmulas para reducirla, desde baños de agua fría y suplementos hasta cambios en el consumo de café.
Los especialistas, no obstante, advierten que ese relato reduce a una sola causa un proceso corporal complejo y que las promesas difundidas carecen de un respaldo científico sólido.
El cortisol sí importa, pero no actúa solo
Un informe de la Universidad de la Ciudad de Birmingham explica que el cortisol, conocido como la 'hormona del estrés', cumple funciones esenciales: interviene en la regulación de la presión arterial, el metabolismo y la inflamación, y forma parte de la respuesta de lucha o huida.
El estrés crónico puede aumentar el apetito, alterar el sueño y favorecer una mayor acumulación de grasa, especialmente visceral. Aun así, no explica por sí solo dónde ni cómo se almacena la grasa corporal. También influyen la genética, la alimentación, la actividad física, la edad y otras hormonas.
No existe un atajo para perder grasa localizada
Por esa razón, los expertos señalan que no hay pruebas de que un supuesto 'reinicio del cortisol' permita eliminar en pocas semanas grasa localizada del abdomen o del rostro.
La meditación, la atención plena y una gestión emocional adecuada pueden contribuir a reducir el estrés y mejorar la salud física y mental. Sin embargo, no deben presentarse como soluciones milagrosas capaces de transformar la apariencia.
Del aspecto físico al bienestar
Además, este tipo de mensajes convierte con frecuencia una cuestión de salud en un asunto estético y refuerza ideales corporales poco realistas.
En lugar de situar un abdomen más plano como objetivo principal, los especialistas recomiendan centrarse en disminuir el impacto del estrés crónico sobre el bienestar general, el sueño, la salud cardiovascular y la calidad de vida.