El 24 de junio de 1990, Argentina y Brasil se encontraron en los octavos de final del Mundial de Italia. El escenario fue el Estadio de los Alpes, en Turín. La selección argentina llegaba con dificultades: había ganado solo uno de sus tres partidos de la fase de grupos. Brasil, en cambio, había completado esa ronda con tres victorias y apenas un gol recibido.
El encuentro terminó 1-0 para la Albiceleste, pero el resultado quedó acompañado por una controversia que sobrevivió durante décadas. El lateral brasileño Cláudio Ibraim Vaz Leal, Branco, sostuvo que durante una pausa bebió agua entregada por el cuerpo médico argentino y que poco después comenzó a sentir mareos y problemas de coordinación.
La sospecha de una maniobra planificada
Según el relato difundido por el periodista Alfredo Relaño en su libro Tantos mundiales, tantas historias, la idea habría aparecido cuatro años antes. Carlos Bilardo, seleccionador argentino desde 1983, habría propuesto distinguir dos grupos de botellas mediante tapones de colores: unas contendrían agua normal y otras llevarían un sedante destinado a los rivales.
Esa versión afirma que Jorge Valdano se opuso y que el plan quedó archivado durante el Mundial de México 1986. La historia habría reaparecido en Italia 1990, cuando el delantero ya no formaba parte del equipo, de acuerdo con el relato reproducido por Sport.
La sustancia mencionada en las acusaciones fue Rohypnol, nombre comercial de la flunitrazepam, un fármaco sedante empleado contra el insomnio. Branco atribuyó a la supuesta mezcla los síntomas que dijo haber sufrido durante el partido.
La pausa, las botellas y la advertencia
El episodio habría ocurrido cuando el fisioterapeuta argentino Miguel di Lorenzo, conocido como “Galíndez”, entró al campo para atender a Pedro Troglio. Llevaba una cesta con varios recipientes y futbolistas de ambos equipos se acercaron para beber.
El calor aumentaba la necesidad de hidratarse: las crónicas sitúan la temperatura de aquella jornada en 34 grados a la sombra. En una época anterior a las pausas oficiales de hidratación, los jugadores aprovechaban las interrupciones del juego para acercarse a las botellas disponibles.
“De esa no, de la otra”.
La frase se atribuye a Diego Maradona, quien habría impedido que Julio Olarticoechea bebiera de uno de los recipientes. Branco tomó agua de un bidón y aseguró que, minutos después, comenzó a encontrarse mal. Pese a ello, permaneció sobre el césped hasta el final.
Una denuncia que no prosperó
El brasileño interpretó inmediatamente sus síntomas como consecuencia de una adulteración. Brasil presentó una reclamación ante la FIFA, pero la ausencia de pruebas impidió que el caso avanzara. Branco mantuvo la acusación en entrevistas posteriores y subrayó que un eventual control antidopaje habría podido perjudicar gravemente su carrera.
Secuencia del caso
Según la versión de Relaño, la idea habría sido planteada y luego descartada por la oposición de Valdano.
Branco bebe durante una interrupción del Argentina–Brasil y denuncia malestar posterior.
La reclamación no avanza por falta de pruebas; testimonios posteriores mantienen viva la controversia.
Negaciones y admisiones a medias
Con el paso de los años, Diego Maradona respondió varias veces sobre el asunto. Durante un programa televisivo en el que Pelé era invitado, dejó una frase que alimentó todavía más la leyenda:
“Algo hubo de eso”.
A continuación agregó: “Yo no fui… se dice el pecado pero no el pecador. ¡Además yo nunca necesité dormir a un rival para ganar un partido!”. En otra aparición televisiva, en 2004, describió el episodio con mayor detalle, se burló de los efectos que la bebida habría causado en Branco y señaló a Galíndez como responsable de colocar la sustancia.
Oscar Ruggeri también abordó el caso en su autobiografía. Según la versión citada por Perfil, el objetivo habría sido provocar somnolencia y reducir la capacidad física de una selección brasileña considerada superior y repleta de figuras.
Bilardo, Galíndez y otros integrantes de aquella delegación negaron siempre la acusación. Otros exjugadores optaron por el silencio, las insinuaciones o el humor. Esa mezcla de versiones incompatibles impidió cerrar definitivamente la historia.
El gol que decidió el clásico
En el terreno de juego, Brasil dispuso de oportunidades, pero Argentina resistió. La jugada decisiva llegó cuando Maradona condujo entre varios rivales y habilitó a Claudio Caniggia, quien superó al guardameta y marcó el único gol.
El triunfo permitió a Argentina continuar hasta la final, donde cayó ante Alemania Federal. El registro histórico de la FIFA conserva el partido como una de las eliminatorias más recordadas de Italia 1990. Fuera del acta oficial permanece el bidón: una acusación no demostrada que, por las declaraciones posteriores de sus protagonistas, nunca terminó de convertirse únicamente en mito.
