En la adolescencia, la confianza en los amigos puede superar incluso a la que se deposita en los padres. Esa confianza ciega, puesta en dos chicas a las que consideraba inseparables, le costó la vida a Skylar Neese cuando tenía apenas 16 años.
Pasaron meses antes de que su familia entendiera por qué había desaparecido sin dejar huella. Cuando el misterio finalmente se destapó, una de las responsables le dijo a la policía una frase tan escueta como escalofriante: "No nos caía bien".
Tres amigas, un mismo salón
Según reconstrucciones periodísticas del caso, Skylar era hija única de Mary y Dave Neese y creció en Star City, un pueblo pequeño de Virginia Occidental (EE.UU.). Sus padres la recordarían después como una joven responsable y empática, buena estudiante, que además trabajaba a tiempo parcial en un local de la cadena Wendy's.
A los ocho años conoció, en un campamento de verano, a Sheila Eddy. Se volvieron inseparables: Sheila entraba y salía de la casa de los Neese sin avisar, y Mary llegó a quererla como a una hija más. Al llegar a noveno curso, el dúo se hizo trío con la llegada de Rachel Shoaf, hija de una familia católica recién incorporada a la escuela.
La grieta
Con el tiempo, compañeros de clase notaron que Rachel y Sheila empezaron a pasar más tiempo juntas, dejando a Skylar fuera de sus planes. Ella no lo toleró en silencio y lo dejó ver en Twitter.
La noche anterior a su desaparición escribió otro mensaje: "Que hagas esas cosas es la razón por la que nunca voy a poder confiar completamente en ti". No mencionaba a nadie por nombre, pero todo apuntaba a Sheila. Esta le respondió, también por Twitter:
La noche del 5 de julio de 2012
Skylar volvió a casa tras su turno en Wendy's y saludó a sus padres alrededor de las 22:00. Se duchó y se encerró en su habitación. Fue la última vez que la vieron con vida.
Hacia las 00:30, las cámaras de seguridad del edificio donde vivía la registraron caminando hacia un auto gris estacionado cerca de un contenedor de basura. El vehículo arrancó cinco minutos más tarde.
A la mañana siguiente, su padre encontró la puerta de su cuarto con el cerrojo puesto —algo inusual en ella—. Al entrar, vio la cama tendida y el mosquitero de la ventana removido: Skylar había salido por ahí. Mary pensó que estaría de compras con Sheila, pero al llamarla, esta negó saber dónde estaba su amiga. A las 16:00, Skylar no se presentó a su turno de trabajo. Solo entonces sus padres llamaron a la policía.
Las grietas en la coartada
Ese mismo día, Sheila fue a casa de los Neese acompañada de su madre y contó que ella y Rachel habían pasado a buscar a Skylar la noche anterior, dado una vuelta en auto y dejado cerca de allí sobre la medianoche. Pero las cámaras de seguridad decían otra cosa: mostraban un auto recogiéndola, no dejándola, poco antes de la 1 de la madrugada.
La policía notó además que las declaraciones escritas de ambas adolescentes eran casi idénticas, y que sus teléfonos se habían conectado a una antena cercana a la frontera con Pensilvania hacia las 4:00 de la madrugada, pese a que aseguraban estar durmiendo en sus camas a esa hora. El auto de Sheila fue registrado pasando cerca de la casa de Skylar a las 0:39 en dirección oeste, y no hacia el este, como ambas habían declarado.
Durante meses, ninguna de las dos habló. En noviembre de 2012, seis meses después de la desaparición, Sheila falló una prueba de polígrafo. Admitió entonces que ella y Rachel habían recogido a Skylar hacia las 0:31, aunque sostuvo que la joven se había bajado del auto para ir a una fiesta.
El quiebre
El 28 de diciembre de 2012, la madre de Rachel llamó a emergencias: su hija de 16 años estaba fuera de control, gritaba, golpeaba objetos y corría por el vecindario. Rachel pasó cinco días internada en una clínica psiquiátrica. El 3 de enero de 2013, tras cuatro horas de interrogatorio, terminó contando lo ocurrido.
Según su relato, ella y Sheila habían planeado matar a Skylar un mes antes, mientras estaban sentadas en una clase de ciencias. Acordaron que Rachel llevaría una pala de su padre y Sheila dos cuchillos de la cocina de su casa; también previeron llevar artículos de limpieza y ropa de cambio.
La noche del crimen condujeron hasta un camino remoto en Pensilvania, cerca de la frontera estatal. Fumaron marihuana. Cuando Skylar se dio vuelta, ambas contaron hasta tres y le clavaron los cuchillos en el cuello y la espalda. Herida de muerte, la joven solo alcanzó a preguntar: "¿Por qué?". Rachel guio después a los investigadores hasta el lugar donde habían dejado el cuerpo, cubierto con ramas.
Las condenas
La policía las detuvo el 1 de mayo de 2013. Sheila Eddy se declaró culpable de asesinato en primer grado; Rachel Shoaf, de asesinato en segundo grado.
Fuente de la sentencia: CBS News.