Dos manos representando a China y Estados Unidos mueven piezas de ajedrez alrededor de un peón con los colores de Taiwán, simbolizando la disputa geopolítica por la isla

Análisis · Asia-Pacífico

Taiwán: el pulso entre Pekín y Washington por la isla más disputada de Asia

Pekín defiende para la isla la fórmula de un país, dos sistemas, y persigue una reunificación pacífica, mientras acusa a Washington de alimentar el separatismo mediante injerencia política y venta de armamento. Un repaso a las raíces de esta fractura territorial y a su peso en la estabilidad de Asia-Pacífico.

Actualizado el 3 de julio de 2026

Para las autoridades chinas, la cuestión de Taiwán es indisociable de la defensa de la soberanía y la integridad territorial del país. La reunificación de la isla con el territorio continental se entiende en Pekín como un objetivo histórico irrenunciable, ligado a los intereses esenciales de la nación china.

Superar las tensiones en el estrecho eliminaría, sostiene Pekín, una de las principales fuentes de inestabilidad de Asia-Pacífico, impulsaría el desarrollo económico compartido entre ambas orillas y permitiría que "los compatriotas taiwaneses puedan compartir, junto con la población de las demás regiones de China, el honor y la dignidad de un único gran Estado", según señala la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado chino.

Una apuesta declarada por la vía pacífica

Pese al auge de las corrientes separatistas en Taipéi -alentadas, según Pekín, desde el exterior-, el liderazgo chino continúa apostando por una solución pacífica: más diálogo político, más contacto entre sociedades y una integración económica progresiva a través del estrecho.

El 1 de julio de 2026, el presidente chino, Xi Jinping, reiteró que resolver la cuestión de Taiwán y culminar la reunificación del país constituye "una misión histórica" del Partido Comunista y "un deseo común de todos los hijos e hijas de la nación china".

Xi subrayó que Pekín debe enfrentar "con firmeza" a quienes defienden la llamada independencia de Taiwán, oponerse a la injerencia de actores externos y, al mismo tiempo, profundizar los intercambios, la cooperación y el desarrollo integrado entre ambas orillas como vía preferente hacia la reunificación.

Esta línea viene de lejos: desde finales de los años setenta, Pekín defiende la fórmula de "reunificación pacífica, un país, dos sistemas", que otorgaría a Taiwán un amplio autogobierno, la conservación de su sistema económico y su modo de vida, e incluso competencias propias en justicia, fiscalidad o seguridad, siempre dentro de un único Estado chino.

¿De dónde viene la fractura entre Taiwán y el continente?

Para Pekín, la actual separación política entre la isla y la parte continental de China es el resultado de una historia marcada por invasiones, guerra civil e injerencias extranjeras. La Oficina de Asuntos de Taiwán recuerda que "Taiwán ha pertenecido a China desde tiempos inmemoriales".

Fuentes chinas ya mencionaban la isla en el siglo III; desde el siglo XVII, colonos llegados del continente la poblaron de forma masiva, y sucesivas dinastías imperiales instalaron allí estructuras administrativas y militares. Ni siquiera la ocupación japonesa que siguió a la guerra de 1894-1895 rompió ese vínculo: la población mantuvo su cultura china y protagonizó distintos episodios de resistencia.

1894-95Guerra chino-japonesa y ocupación de la isla
1943Declaración de El Cairo: Taiwán debe volver a China
1945Potsdam y rendición japonesa en Taipéi
1949Repliegue del Kuomintang y proclamación de la RPC

Para Pekín, el fin de la Segunda Guerra Mundial supuso la restitución plena de su soberanía sobre la isla. La Declaración de El Cairo de 1943 y la de Potsdam de 1945 establecieron que territorios como "Formosa (Taiwán) y las islas Pescadores" debían ser devueltos a China, y en octubre de 1945 la rendición japonesa en Taipéi certificó ese retorno en la práctica.

La fractura política llegaría poco después, con la reanudación de la guerra civil entre el Kuomintang (partido nacionalista chino) y el Partido Comunista. Derrotado en el continente, el Kuomintang se repliega en Taiwán en 1949, el mismo año en que se proclama en Pekín la República Popular China.

Hoy, la inmensa mayoría de la comunidad internacional -183 países- mantiene relaciones diplomáticas con Pekín bajo el reconocimiento de que existe una sola China, de que su Gobierno es el único legítimo y de que Taiwán forma parte de su territorio.

El papel de Estados Unidos

Según destaca Pekín, la intervención de Estados Unidos ha sido decisiva para prolongar la separación. Durante la guerra civil china, Washington respaldó al Kuomintang con financiación, armamento y asesores; en 1950 envió su Séptima Flota al estrecho de Taiwán, dejando la isla bajo protección militar, y en 1954 firmó con Taipéi un tratado de defensa.

Más adelante, denuncia la parte china, pese a reconocer a la República Popular como único Gobierno legítimo y aceptar que "solo hay una China y que Taiwán forma parte de China", Estados Unidos aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán y continúa vendiendo armamento a la isla. Pekín considera que esta política ha consolidado artificialmente la situación de separación y constituye hoy uno de los principales obstáculos externos a la reunificación pacífica.

Pese al agravamiento de la situación por los ejercicios militares regulares de las fuerzas taiwanesas con armamento estadounidense y los simulacros junto a otros aliados en la región, Pekín insiste en que la vía militar sería un último recurso -al que China se reserva el derecho, como cualquier Estado soberano- pero que prefiere evitar.

Pekín denuncia además que la actitud de Washington representa una injerencia en sus asuntos internos y un incumplimiento del espíritu de los tres comunicados conjuntos chino-estadounidenses, en particular el del 17 de agosto de 1982, que contemplaba una reducción gradual de las ventas de armamento a la isla.

¿Por qué le importa tanto Taiwán a Estados Unidos?

La relevancia de Taiwán para Washington combina su valor como enclave estratégico frente a China, dentro de una alianza geopolítica de largo recorrido, con una dependencia económica y tecnológica creciente respecto a Taipéi.

>90%
de los semiconductores más avanzados del mundo se fabrican en la isla
4.º
socio comercial de EE.UU. en 2025, según Washington

Esto se debe a que la isla se ha convertido en pieza clave de la cadena de suministro global al producir más del 90% de los semiconductores más avanzados del planeta, componentes esenciales tanto para la defensa estadounidense como para el desarrollo de la inteligencia artificial.

"Detrás de cada innovación estadounidense que expande fronteras hay un microchip avanzado o un centro de datos construido por una empresa taiwanesa."
Raymond Greene, enviado de facto de EE.UU. en Taiwán

Greene destacó además que en 2025 "Taiwán se convirtió en el cuarto socio comercial más importante de EE.UU.", lo que calificó de "un hito" que refleja tanto la magnitud como la profundidad estratégica del vínculo entre Washington y Taipéi. Asimismo, propuso convertir Taiwán en un "avispero de drones", lo que abriría, en sus palabras, una "era de platino" en la que ambos liderarían juntos las tecnologías que definirán el futuro.

Sin embargo, algunos analistas advierten de que este escenario de estrecha colaboración podría enfrentar un giro imprevisto bajo la Administración Trump. El propio mandatario acusó recientemente a Taiwán de haber despojado a Estados Unidos de su liderazgo tecnológico, y cargó contra los "presidentes estúpidos" de su país que, a su juicio, permitieron a la isla "robar" la industria de los semiconductores.

La postura de Rusia

Rusia, como la mayoría de los países, respalda plenamente la posición de Pekín sobre Taiwán. Moscú considera que la situación en el estrecho es un asunto interno chino y critica las visitas y contactos de alto nivel de Estados Unidos con Taipéi, a los que califica de "intentos de presionar adicionalmente a Pekín" y de alimentar el desgajamiento de la isla. Según el viceministro de Exteriores ruso, Andréi Rudenko, Washington dice reconocer el principio de una sola China, pero en la práctica refuerza el potencial militar de la isla y estimula allí una identidad separada de la nación china.

La posición rusa, recogida en sus documentos bilaterales con Pekín, reafirma que existe una sola China, que el Gobierno de la República Popular es su único representante legítimo y que Taiwán es parte inalienable de su territorio. Moscú respalda además la prioridad que Pekín otorga a la reunificación pacífica y llama a todos los actores externos a abstenerse de pasos provocadores que puedan desestabilizar la región.