Ilustración de una mecha encendida sobre una bomba con el mapa de América Latina
Historia · América Latina

El proyecto continental de Bolívar que Panamá no logró salvar

A comienzos del siglo XIX, Simón Bolívar defendió una confederación de repúblicas hispanoamericanas capaz de colocar a la región como actor propio en la política mundial. El Congreso de Panamá de 1826 fue la gran apuesta; también, el punto donde ese sueño empezó a quebrarse.

La imagen de una sola nación extendida desde México hasta la Patagonia acompaña a América Latina desde hace más de dos siglos. No nació únicamente con Bolívar, pero su nombre terminó unido a esa aspiración: reunir a los pueblos que habían enfrentado tres siglos de dominio colonial y despojo bajo una arquitectura común de defensa, diplomacia y destino político.

Según la reconstrucción del antropólogo e historiador Miguel Acosta Saignes, Bolívar ya planteaba en Londres, hacia 1810, que los pueblos latinoamericanos debían unirse para lograr la independencia y, después, formar una confederación. Cinco años más tarde, en la célebre Carta de Jamaica, retomó esa idea como una posibilidad inmensa, aunque todavía difícil de realizar.

"Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo una sola nación, con un solo vínculo que ligue a sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno, que confederase los diferentes estados que hayan de formarse […].

¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! ¡Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, para tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo".

Bolívar nunca abandonó esa ruta. El Congreso finalmente se celebró en 1826, aunque lejos de las condiciones imaginadas. De allí no salió la confederación robusta que había proyectado una década antes; en cambio, el encuentro quedó atravesado por los cálculos de una potencia que en el diseño original no debía ocupar ningún papel central: la joven república estadounidense.

La ruta anfictiónica

El Libertador reconocía las dificultades de unir a los países que habían roto, o estaban por romper, sus vínculos con España. Aun así, avanzó con instrumentos concretos. Venezuela y Nueva Granada se unieron en 1819 para formar la Gran Colombia, y luego llegaron tratados de “Unión, Liga y Confederación perpetua” con Perú en 1822, con Chile y México en 1823, y con Centroamérica en 1825.

El 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la batalla de Ayacucho, Bolívar convocó formalmente el Congreso. Para entonces no solo acumulaba prestigio militar; también había tejido una red de pactos que mostraba su margen de maniobra política y el reconocimiento que alcanzaba su proyecto fuera de los campos de batalla.

"Invité en ochocientos veintidós, como presidente de la República de Colombia, a los gobiernos de México, Perú, Chile y Buenos Aires, para que formásemos una confederación, y reuniésemos en el istmo de Panamá u otro punto elegible a pluralidad, una asamblea de plenipotenciarios de cada Estado 'que nos sirviese de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, de nuestras diferencias'".

El investigador mexicano Germán de la Reza define aquel areópago bolivariano como una instancia pensada para proteger las soberanías recién conquistadas. La idea era dar a la región peso internacional, reforzar su capacidad estratégica y militar ante posibles reconquistas o agresiones extranjeras, y favorecer el republicanismo como forma política compartida.

Panamá no fue elegido al azar. Bolívar veía en el istmo un equivalente americano del Corinto griego: un punto situado “a igual distancia de las extremidades”, útil para articular una identidad regional y, al mismo tiempo, para funcionar como enclave defensivo frente a amenazas externas.

El monroísmo entra en escena

La ausencia de Estados Unidos en la convocatoria original decía mucho. Bolívar admiraba su independencia, pero desconfiaba de su posición ante las luchas emancipadoras del sur y lo consideraba ajeno a la identidad histórica que estaba naciendo en la América hispana.

Washington, por su parte, observaba con reservas el liderazgo del caraqueño, sus ideas soberanistas y el poder militar de la Gran Colombia. Encontró, sin embargo, un canal de entrada en Francisco de Paula Santander, vicepresidente grancolombiano y figura con peso propio en la Nueva Granada.

Pese a que Bolívar había dejado al país norteamericano al margen, Santander extendió una invitación al Gobierno de John Quincy Adams, luego respaldada por las cancillerías de México y Centroamérica. Para Washington, el encuentro podía servir para mostrar fuerza ante Inglaterra en la disputa por el control hemisférico, en línea con lo que después se conocería como Doctrina Monroe.

"Si no aparecemos allí, con probabilidad y muy merecidamente, veremos los sentimientos que deben unir a toda la América transferidos a otros gobiernos que saben apreciar mejor la extraordinaria importancia de la reunión".

La frase fue publicada por Henry Clay en The National Intelligencer el 26 de abril de 1825. Meses después, el propio Clay rechazaría la idea de un consejo anfictiónico con poder para resolver controversias o regular la conducta de los Estados americanos. Su alternativa eran encuentros libres, limitados a seguridad y comercio, sin carácter deliberativo fuerte.

Fisuras internas

Entre la convocatoria y la instalación del Congreso, la situación de Bolívar se volvió más frágil. La guerra lo alejó del centro político de Bogotá, mientras Santander consolidaba una oposición poderosa. En Perú, además, la antigua casta colonial rechazaba sus proyectos libertarios. En las Provincias Unidas del Río de la Plata circulaba el temor a una hegemonía subcontinental de la Gran Colombia, apoyada en su ejército y en la autoridad del Libertador.

Santander, partidario del liberalismo económico y cercano al enfoque monroísta, veía la protección estadounidense como una vía para alejar a las potencias europeas sin someter a las repúblicas a una gobernanza confederada inspirada en el modelo grancolombiano. Bolívar acusó el golpe y ajustó la estrategia: Estados Unidos sería invitado en pie de igualdad; también Brasil, Inglaterra y Países Bajos.

Panamá, Tacubaya y el fracaso

El plan que parecía firme en 1824 llegó a 1826 con enormes obstáculos. La asistencia fue escasa: en Panamá coincidieron solo los delegados de la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal de Centroamérica. Los representantes de Estados Unidos y Bolivia no llegaron a tiempo para participar en las sesiones, iniciadas el 22 de junio de 1826 y suspendidas el 15 de julio, cuando se decidió trasladar las actividades a Tacubaya, entonces un poblado cercano a la Ciudad de México, por razones sanitarias.

La agenda formal, según De la Reza, incluía renovar los tratados de unión, liga y confederación; publicar un manifiesto contra la actitud de España y los daños causados al Nuevo Mundo; decidir el apoyo a la independencia de Cuba, Puerto Rico, Canarias y Filipinas; y celebrar acuerdos comerciales y de navegación entre los Estados confederados.

También se preveía organizar normas de derecho internacional, abolir la esclavitud en todo el territorio confederado, fijar contribuciones para sostener contingentes comunes, presionar a España para que reconociera a las nuevas repúblicas y establecer fronteras nacionales con base en el principio de “uti possidetis”, tomando como referencia 1810.

La intención de involucrar a Estados Unidos para hacer efectiva la Doctrina Monroe reveló el grado de influencia que Washington había alcanzado dentro del proceso. La independencia de Cuba y Puerto Rico, eje de la agenda bolivariana y respaldada por México, quedó relegada por la oposición británica y por el temor a abrir nuevos conflictos en el Caribe.

"EE.UU. temía un levantamiento de los esclavos negros a favor de la causa emancipadora, que pudiera imbuir de libertad a sus esclavos sureños. Pero, ante todo, prefería a Cuba y Puerto Rico en manos españolas a que estuvieron en poder de Inglaterra o en alianza con sus hermanos centro y suramericanos.

A España, finalmente, podría comprárselas, como ocurriría con la Florida, o podría arrebatárselas en guerra, como hizo para conseguir Puerto Rico, Cuba y Filipinas".

El investigador colombiano Adolfo Atehortúa Cruz califica esa conducta como “saboteo” y sostiene que Estados Unidos e Inglaterra influyeron para que las Provincias Unidas del Río de la Plata no asistieran. Ya en Tacubaya, Washington aprovechó el nuevo escenario y el debilitamiento relativo de la Gran Colombia para impulsar sus propios objetivos.

En México, los estadounidenses ofrecieron respaldar el reconocimiento de las repúblicas independizadas ante España a cambio de desechar el punto sobre Cuba y Puerto Rico. Las sesiones panameñas terminaron con avances limitados y compromisos difusos, plasmados en un Tratado de Unión, Liga y Confederación perpetua que solo ratificó la Gran Colombia, justo cuando sus tensiones internas empujaban a Venezuela y Nueva Granada hacia caminos separados. Cuatro años después, el proyecto quedó hundido.

1810
Bolívar defiende en Londres la unión latinoamericana para alcanzar la independencia y formar una confederación.
1815
En la Carta de Jamaica expone la idea de un Congreso en el istmo de Panamá.
1819
Venezuela y Nueva Granada se unen en la Gran Colombia.
1822-1825
Se firman pactos de unión con Perú, Chile, México y Centroamérica.
22 jun 1826
Comienzan las sesiones del Congreso de Panamá.
15 jul 1826
Las sesiones cesan y se decide trasladar el encuentro a Tacubaya.
1829
Bolívar deja escrita su advertencia sobre Estados Unidos.

Un ideal que no desaparece

En 1829, ante una política exterior estadounidense cada vez más agresiva, Bolívar dejó una frase que pasó a la memoria histórica como advertencia: "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad". Murió al año siguiente, mientras su proyecto unionista se desvanecía.

El bicentenario de aquella cita funciona como recordatorio de un fracaso con consecuencias continentales, pero también de una idea que se resiste a morir. En dos siglos hubo nuevos ensayos de integración regional, inspirados de manera genuina o retórica en la anfictionía bolivariana; sin embargo, Washington ha logrado imponerse mediante fuerza, injerencias, sanciones económicas, cercos diplomáticos y alianzas internas.

El bolivarianismo sigue presente en buena parte de América Latina y Pablo Neruda escribió que Bolívar despierta cada cien años. Pero, al menos hasta ahora, el Libertador continúa sin despertar.

Clave histórica: el Congreso de Panamá no fue solo una reunión fallida. Fue el choque temprano entre un proyecto de soberanía regional y una arquitectura hemisférica que, con el tiempo, marcaría la política de América Latina y el Caribe.