Ilustración editorial de un hombre ante una escala de medición policial
Crónica policial · Chile

El asesino que usó el silencio de la pandemia para matar en las calles

Mientras Santiago vivía las restricciones del coronavirus, Diego Alexander Ruiz Restrepo salió de madrugada a atacar a personas que dormían en la vía pública. Su historial terminó con siete muertos, un sobreviviente y la condena más dura del sistema chileno.

Publicado originalmente el 22 de junio de 2026 · Imagen de portada: ilustración proporcionada por la usuaria.

La violencia de Diego Alexander Ruiz Restrepo estalló cuando buena parte del mundo permanecía encerrada por la pandemia. Nacido en Cali, Colombia, el 14 de marzo de 1990, el hombre que en Chile sería conocido como “El psicópata de Meiggs” o “El asesino de Estación Central” describió su juventud como “alegre, buena, sana y feliz”.

Su infancia estuvo marcada por la ausencia del padre. Su madre tenía 16 años cuando quedó embarazada y fue abandonada por su pareja. Ruiz creció con sus abuelos en un entorno sociable y, de acuerdo con versiones recogidas por la prensa, se presentaba a sí mismo como el “líder” de su grupo de amigos: carismático, cercano y dispuesto a ayudar.

Esa imagen no fue la que vieron sus víctimas. Ocho personas fueron atacadas con arma blanca durante tres madrugadas de 2020; siete murieron y una logró sobrevivir.

Vecinos lo recordaron como alguien de “dos caras”: de día, “extremadamente extrovertido y amable”; de noche, “muy callado”, con “una mirada que asustaba un poco”.

El traslado a Chile junto a su madre cambió el entorno familiar. Allí, según familiares y vecinos, Ruiz empezó a mostrar un carácter más violento y conflictivo, con antecedentes de robos y episodios de agresividad. Durante un periodo se vinculó con una comunidad cristiana en Villa Portales, aunque esa etapa no frenó su conducta criminal.

Los testimonios lo describen como una persona que podía tornarse amenazante, sobre todo de noche y los fines de semana. Algunos conocidos mencionaron consumo de alcohol, estallidos de ira y amenazas contra vecinos del bloque donde vivía. También se reportaron agresiones dentro de su círculo familiar.

En las evaluaciones psicológicas solicitadas por la Fiscalía chilena durante el juicio, los especialistas lo caracterizaron como narcisista, mentiroso, manipulador, frívolo, impulsivo, con complejos mesiánicos y con intentos de simular una alteración mental. Incluso llegó a negar las matanzas y afirmó que las víctimas se herían a sí mismas.

Primer ataque: 7 de marzo

La primera víctima fue Víctor Olegario Allende Salas, de 70 años, quien vivía en situación de calle. Ruiz lo atacó cerca de las 3:55 de la madrugada del 7 de marzo de 2020, cuando dormía bajo una parada de autobuses en la comuna de Estación Central.

Según el expediente judicial divulgado por la justicia chilena, el agresor le propinó al menos 10 puñaladas en la zona cervical. Después de ese crimen, pasaron ocho meses hasta la siguiente ofensiva.

1 de noviembre: dos víctimas en una madrugada

El domingo 1 de noviembre de 2020, Ruiz volvió a salir. A las 4:24 de la madrugada vio a Carlos Andrés Rivas Angulo en una parada de buses de la avenida Libertador Bernardo O’Higgins, esquina Ecuador, en Estación Central. Se acercó y lo apuñaló 25 veces en el tórax, la zona cervical, la espalda y la región lumbar.

Luego continuó su recorrido hasta encontrar a Guido Hernán Gallardo Contreras, de 64 años, quien también dormía en la vía pública. Lo atacó repetidamente en el tórax y el cuello, dejándolo muerto en el lugar.

8 de noviembre: la noche más sangrienta

Una semana después, Ruiz regresó a la Alameda Bernardo O’Higgins. A las 3:15 de la madrugada vio a Luis Marcelo Romero Jeria durmiendo en la calle y le clavó el cuchillo tres veces en la cabeza.

Minutos más tarde llegó a la calle Meiggs, en la comuna de Santiago. A las 3:20 atacó a Marcia Margot Tapia Loncon, de 57 años, quien dormía entre cartones. Fue uno de los crímenes más violentos: recibió 28 puñaladas en el tórax y el cuello.

A las 3:23, en Exposición con Alameda, Ruiz se acercó a Leonidas Vicente Panes Fierro y Pedro Manuel Bustamante Babbonney, quienes también dormían entre cartones. A Pedro lo golpeó y lo apuñaló cuatro veces. Cuando Leonidas intentó escapar, lo alcanzó y le dio una puñalada mortal en el tórax.

Pedro sobrevivió pese a las heridas en la zona cervical, el cuello, el rostro y el hombro, gracias a la atención médica. Pero la secuencia continuó a las 4:30 de la madrugada, cuando Ruiz encontró a Rodrigo Manino Carmona. Aunque la víctima logró zafarse del primer ataque y correr, fue alcanzada y recibió dos puñaladas en el tórax y una en la zona lumbar.

Cronología verificada

7 mar. 2020
Víctor Olegario Allende Salas fue atacado alrededor de las 3:55 en Estación Central.
1 nov. 2020
Carlos Andrés Rivas Angulo fue apuñalado a las 4:24; después murió Guido Hernán Gallardo Contreras.
8 nov. 2020
Entre las 3:15 y las 4:30 ocurrieron cuatro asesinatos y un intento de homicidio.
9 nov. 2020
Las autoridades ubicaron a Ruiz y lo entrevistaron en su vivienda.
29 ago. 2023
La justicia chilena lo condenó a presidio perpetuo calificado.

Captura, juicio y condena

Tras los seis asesinatos cometidos en una semana —cuatro de ellos en un solo día— las autoridades revisaron cámaras de seguridad y detectaron un rasgo que ayudó a identificarlo: caminaba con una cojera producto de una fractura en un pie, registrada previamente por la Gendarmería chilena cuando trabajó para esa institución.

El 9 de noviembre, los agentes lo ubicaron en su casa. Durante la entrevista, dijo que “era emisario de Dios y que venía a limpiar el mundo”. Al día siguiente fue detenido luego de que se encontraran pruebas incriminatorias, entre ellas el cuchillo usado en los ataques y rastros de ADN de las víctimas.

Casi tres años después, la justicia chilena concluyó que Ruiz era culpable de siete asesinatos a sangre fría y un intento de asesinato. El 29 de agosto de 2023 fue condenado a la pena única de “presidio perpetuo calificado”, además de inhabilitación absoluta perpetua para ejercer cargos y oficios públicos y derechos políticos.

Esa pena es la más severa en Chile. Para aspirar a algún beneficio procesal, primero tendrá que cumplir al menos 40 años de cárcel. La prensa considera improbable que recupere la libertad debido a la brutalidad de sus crímenes.