Mesa de restaurante con luz cálida, madera oscura y retrato enmarcado
Guerra Fría · Crisis de 1962

El almuerzo que abrió una salida al abismo nuclear

En una mesa del restaurante Occidental, a pocas cuadras de la Casa Blanca, un oficial soviético y un periodista estadounidense ayudaron a tender un canal informal entre Moscú y Washington.

Contexto

La Crisis de los Misiles de Cuba llevó en 1962 a la URSS y a Estados Unidos a uno de los puntos más peligrosos de la Guerra Fría. La posibilidad de una guerra nuclear dejó de ser una hipótesis distante y pasó a sentirse como una amenaza inmediata.

La salida llegó por la vía del diálogo, pero ese diálogo no habría avanzado del mismo modo sin la iniciativa de Alexánder Semiónovich Feklísov, coronel de los servicios secretos soviéticos que actuaba en Washington bajo cobertura diplomática.

Los intermediarios

Dos hombres fuera del tablero militar

El primer movimiento decisivo no surgió de una sala de mando, sino de una conversación entre Feklísov —conocido como “Fomín” y presentado oficialmente como consejero de la Embajada soviética— y John A. Scali, corresponsal de ABC cercano al entorno de los Kennedy.

Desde su puesto en Washington, Feklísov informaba al Kremlin sobre el modo en que la Casa Blanca buscaba una salida tras la instalación de misiles soviéticos en Cuba. Según el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, su labor permitió conocer que John F. Kennedy resistía las presiones de los sectores que exigían un ataque inmediato contra la isla.

Secuencia mínima

21 oct.

Feklísov envió a Moscú un telegrama sobre una reunión de emergencia del gobierno de Kennedy.

22 oct.

Kennedy habló a la nación y presentó la situación como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos; Jruschov respondió denunciando el bloqueo naval de Cuba como “acciones agresivas sin precedentes”.

26 oct.

Feklísov llamó a Scali para reunirse con urgencia. El periodista recordaría después: “Ya había almorzado cuando me llamó, pero su voz era tan urgente e insistente que decidí ir de inmediato”.

La mesa

Un almuerzo con el reloj en contra

Ambos se encontraron en el restaurante Occidental, situado a dos cuadras de la Casa Blanca. Tras pedir la comida, dejaron de lado las formalidades: la guerra parecía acercarse con rapidez.

Scali trasladó la presión que se vivía en Washington: “El Pentágono le asegura al presidente que, si acepta, eliminarán los misiles soviéticos y el régimen de Castro en 48 horas”, señaló.

“Primero, respondí, que yo sepa, la cúpula soviética considera a Kennedy un estadista capaz y con visión de futuro. Creo que es un hombre razonable y que detendrá a los generales y almirantes belicosos que planean arrastrarlo a una gran aventura plagada de consecuencias catastróficas”.

Feklísov añadió que el pueblo cubano defendería su libertad y que una invasión de Cuba podía desatar una respuesta soviética en otro punto sensible para Washington. Cuando Scali preguntó si se refería a Berlín Occidental, Feklísov contestó: “Como contramedida, es totalmente posible”.

La frase no formaba parte de una instrucción oficial. Años después, el propio Feklísov lo admitiría: “Nadie me autorizó a hablar sobre la posible toma de Berlín Occidental como respuesta soviética a la invasión estadounidense de Cuba”. Y resumió su decisión con otra frase directa: “Actué bajo mi propio riesgo. Ahora está perfectamente claro: corrí un riesgo, pero tuve razón”.

El resultado

Del restaurante a la negociación secreta

Después del encuentro, Feklísov informó al embajador soviético y Scali se dirigió a la Casa Blanca. Poco más tarde, Robert Kennedy, encargado por el presidente de mantener contactos discretos con representantes soviéticos, hizo llegar por medio de Scali propuestas de compromiso a “Fomín”.

La posibilidad de que Berlín Occidental se convirtiera en escenario de represalia pesó en las conversaciones. La fórmula que terminó abriéndose paso fue clara: Estados Unidos retiraría sus misiles de Turquía y no atacaría Cuba, mientras la URSS sacaría sus armas nucleares de la isla.

“En esta mesa, durante los tensos momentos de la Crisis de los Misiles Cubanos, el misterioso ruso ‘Sr. X’ le transmitió al corresponsal de ABC-TV, John Scali, una oferta rusa para retirar los misiles de Cuba. Gracias a esta reunión, se evitó la amenaza de una posible guerra nuclear”.