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Actualidad · Análisis

La presión de Trump no consigue alejar a América Latina de China

Mientras Washington acumula amenazas, sanciones y presiones sobre América Latina en nombre de su pulso con China, los gobiernos de la región avanzan en sentido opuesto: estrechan sus lazos con Pekín, persuadidos de que Estados Unidos ya no tiene una alternativa real que ofrecer.

Publicado: 29 may 2026 · 14:30 GMT

En poco más de un año al frente del Gobierno, la Administración Trump secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro, abrió guerras arancelarias contra los principales socios comerciales de Estados Unidos en América Latina, lanzó el desafío de "recuperar" el canal de Panamá y amenaza con intervenir en Cuba.

Washington presenta todas esas medidas, al menos en lo formal, como parte de su confrontación con China, un socio comercial decisivo para casi todos los países de la región.

En su Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos sostiene que "después de años de descuido, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental", y que además se propone "negar a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes".

La realidad, sin embargo, apunta en otra dirección: pese a las amenazas y la presión estadounidense, los países latinoamericanos siguen reforzando su vínculo con Pekín, conscientes de que Washington no está en condiciones de ofrecer algo equivalente.

01 — ComercioLos lazos con China no dejan de afianzarse

Incluso después de que la Casa Blanca desatara una nueva ronda de presiones, el intercambio comercial de la región con China mantuvo un crecimiento acelerado.

Brasil, la mayor economía de América Latina, elevó sus exportaciones a China más de un 25 % durante los primeros cuatro meses de 2026, hasta alcanzar los 35.600 millones de dólares. En contraste, sus ventas a Estados Unidos cayeron casi un 17 % en ese mismo periodo.

Resulta revelador que la cooperación con China crezca incluso allí donde gobiernan administraciones afines en lo ideológico a Washington. En Argentina, las exportaciones a la República Popular China se dispararon un 86 % en el primer trimestre de 2026.

Y hasta en Honduras, donde el simpatizante de Trump Nasry Asfura llegó al poder tras las elecciones, no hay prisa por recuperar las relaciones con Taiwán pese a la retórica de campaña: allí entienden que la sociedad con Pekín es demasiado valiosa para renunciar a ella.

En conversación con RT, Marco Fernandes, miembro del Consejo Civil del BRICS y analista geopolítico del medio Brasil de Fato, subrayó que el vínculo económico con China es clave para la región.

"La balanza comercial de América Latina y Caribe con China pasó de 12.000 millones de dólares en el 2000 a más de 520.000 millones en 2025. Incluso países como Argentina y Chile, cuyos presidentes tienen críticas ideológicas a China (Kast es más discreto que Milei), no pueden parar de hacer negocios con el país oriental".

Marco Fernandes · Brasil de Fato

02 — Vida cotidianaLa huella china ya forma parte del día a día

El rasgo más visible de la influencia china es que los habitantes de la región la perciben, literalmente, todos los días. El 22 de mayo, el primer tren del metro de Bogotá salió a su recorrido de prueba.

Es el primer metro de América Latina íntegramente diseñado, construido y operado por un consorcio chino encabezado por China Harbor Engineering Company. La obra, valorada en 4.000 millones de dólares, se ha convertido en la mayor infraestructura de Colombia en décadas y ya emplea a unas 15.000 personas. Empresas del gigante asiático también proveen los vagones de los metros de Ciudad de México, Sao Paulo, Buenos Aires y Santiago.

En Chile, la inversión china ya transformó de forma directa la vida de millones de personas. Tras la incorporación masiva de autobuses eléctricos chinos, el 68 % de la flota de buses de Santiago pasó a ser eléctrica, lo que permitió reducir un 80 % la emisión de partículas nocivas, bajar de forma notable el ruido y ahorrar decenas de millones de litros de diésel.

Tampoco puede pasarse por alto el avance de los automóviles chinos en la región. Marcas como BYD, Geely, Chery y GWM amplían con rapidez su cuota de mercado en toda Sudamérica gracias a vehículos eléctricos asequibles y a alianzas locales. En 2025, los fabricantes chinos se quedaron con casi el 30 % de las ventas de autos nuevos en América Latina.

03 — GeopolíticaChina responde con dureza a la hostilidad

Pekín también empezó a reaccionar con mayor firmeza ante el nuevo tono agresivo de Washington. A comienzos de este año, la Corte Suprema de Panamá anuló los contratos de la firma CK Hutchison Holdings Ltd., con sede en Hong Kong, para explotar dos puertos del canal de Panamá, después de la presión ejercida por la Administración Trump.

La respuesta china fue tajante. En Pekín tildaron la presión estadounidense de "mentalidad de guerra fría" y dirigieron una advertencia a Panamá. El Gobierno chino calificó el fallo de "extremadamente absurdo" y avisó de que el país centroamericano pagaría un "alto precio" si no rectificaba el rumbo. Según Bloomberg, Pekín además suspendió la ejecución de todos los nuevos acuerdos con el país, congelando así sus inversiones.

El episodio de Panamá funcionó como advertencia para toda América Latina: ceder ante la presión de Estados Unidos puede costar inversiones, comercio y proyectos de infraestructura chinos. Y la mayoría de los países de la región parece haber captado el mensaje.

Cuando el Departamento de Estado de EE.UU. difundió una declaración conjunta de apoyo a Panamá frente a la "presión económica de China", solo la respaldaron Bolivia, Costa Rica, Guyana, Paraguay y Trinidad y Tobago. Incluso los dirigentes más alineados con Washington —Javier Milei, Daniel Noboa y José Antonio Kast— prefirieron no firmar el texto.

04 — HegemoníaWashington exige obediencia, pero no propone alternativas

Pese a las altisonantes proclamas sobre el regreso de la doctrina Monroe, la política de Washington se parece cada vez menos a una defensa de la región y cada vez más a un intento de imponer a los países de América Latina con quién pueden comerciar y cooperar.

"La Administración Trump quiere obligar a tantos vecinos como sea posible a hacer lo que ella les indique sobre cualquier asunto que surja".

Stephen Walt · Universidad de Harvard

El analista apunta que la Casa Blanca aspira a controlar la política económica de sus vecinos y a vetar las medidas que podrían beneficiar económicamente a esos países o a naciones como China.

"Porque la Administración Trump es depredadora, y generalmente se opone a la ayuda exterior y quiere la mayor parte de los beneficios en todas sus relaciones bilaterales, debe recurrir a amenazas para conseguir lo que quiere y no a la generosidad. El problema es que, si Estados Unidos insiste en interferir en las economías de sus vecinos de esta manera, entonces se vuelve responsable de las condiciones económicas allí existentes", señala.

Agrega que, cuando impone prohibiciones, Washington no aporta alternativas. Si el equipo de Trump les dice a los países latinoamericanos que no pueden comprar productos chinos —en ocasiones más baratos y mejores que los estadounidenses—, los consumidores quedarán insatisfechos, sostiene el analista.

Y si EE.UU. exige a los gobiernos locales que renuncien a inversiones extranjeras, como las chinas, capaces de mejorar la infraestructura o generar otras oportunidades, tendrá que ofrecerlas él mismo o, de lo contrario, se le acusará de mantener a la región en la pobreza.

"Súmenle a esto la inclinación de la administración a culpar de los problemas de Estados Unidos a los migrantes y refugiados de la región, y su firme compromiso de deportar a tantos como sea posible, y tienen una receta no para una hegemonía estable, sino para un creciente antiamericanismo e inestabilidad regional".

Stephen Walt

05 — Doble raseroDoble rasero

Jorge Heine, exministro de Estado de Chile, considera extraño que Estados Unidos pretenda limitar la presencia comercial extranjera en la región, justo en el marco de la visita de Trump a China.

"Lo que resulta insostenible, sin embargo, es que Washington critique las inversiones altamente efectivas de China en América Latina mientras profesa su propio interés en hacer negocios con China, asegurar un mayor acceso al mercado chino para las empresas estadounidenses y atraer más inversión china a Estados Unidos".

Jorge Heine · Exministro de Estado de Chile

"Para poder acceder a los numerosos y valiosos recursos naturales y materias primas del continente, abrirse paso en sus mercados y contribuir a su industrialización, las grandes potencias deben apostar por la competencia, no por la exclusión. Lo que Estados Unidos ha estado haciendo hasta ahora no solo está fracasando, sino que, de hecho, está resultando contraproducente", concluyó.

"EE.UU. todavía son responsables por la mayoría de las inversiones extranjeras en la región, pero con un perfil más diverso y consolidado históricamente, y sobre todo privado. Ya las inversiones chinas son públicas y más enfocadas en infraestructura conectada a la exportación de recursos naturales e infraestructura energética", señaló Marco Fernandes.

"EE.UU. no tiene instrumentos públicos para hacer inversiones o préstamos a largo plazo, sin fuertes presiones por [conseguir un] retorno rápido y por lo tanto no van a poder competir con China en este sector. Claramente, Washington no tiene interés en ver su 'patio trasero' desarrollando su infraestructura y su economía y fortaleciendo las naciones", agregó.

Y mientras Estados Unidos intenta reconquistar América Latina a golpe de ultimátums, China afianza su presencia un día tras otro a través de carreteras, trenes, autobuses eléctricos, fábricas e inversiones que la gente puede ver con sus propios ojos.

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